Vivienda y sostenibilidad en España

Vol. 1: unifamiliar
La mayor parte de los libros disponibles para el lector en lengua castellana suelen tratar el tema de la arquitectura sostenible, ecológica y bioclimática ilustrándola con ejemplos situados en países más ricos y con climas más fríos que la Península Ibérica.

Este libro desmiente dos tópicos, por un lado, que en España no se proyecta y construye arquitectura sostenible y, por otro, que la arquitectura sostenible resulta más cara.

En este volumen se recogen 44 ejemplos de viviendas unifamiliares españolas, junto con las opiniones e inquietudes de los 38 arquitectos autores de las mismas. Son propuestas diversas en sus requerimientos y situación geográfica que proporcionan una visión del quehacer de profesionales preocupados por hacer compatibles la sostenibilidad y la arquitectura de calidad. Nos ofrecen soluciones a los diferentes climas de la península, desde el frío y lluvioso norte al cálido sur; propuestas donde aparecen materiales naturales y también aquellos más novedosos; construcción ligera y pesada, inercia térmica, invernaderos, muros Trombe, etc. Algunas apuestan por las energías limpias, desde la tecnología solar y geotérmica a los ejemplos de viviendas bioclimáticas, y otras son viviendas industrializadas construidas en seco. Muchas investigaciones se dirigen precisamente hacia una reducción de los costes de construcción, incidiendo en uno de los aspectos más olvidados de la sostenibilidad: su componente social.

En definitiva, un amplio abanico de viviendas unifamiliares que aplican aspectos diversos de sostenibilidad en un marco geográfico amplio y muy próximo.

Descripción técnica del libro:

23 x 30 cm
216 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425221040
Rústica
2007
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La mayor parte de los libros disponibles para el lector en lengua castellana suelen tratar el tema de la arquitectura sostenible, ecológica y bioclimática ilustrándola con ejemplos situados en países más ricos y con climas más fríos que la Península Ibérica.

Este libro desmiente dos tópicos, por un lado, que en España no se proyecta y construye arquitectura sostenible y, por otro, que la arquitectura sostenible resulta más cara.

En este volumen se recogen 44 ejemplos de viviendas unifamiliares españolas, junto con las opiniones e inquietudes de los 38 arquitectos autores de las mismas. Son propuestas diversas en sus requerimientos y situación geográfica que proporcionan una visión del quehacer de profesionales preocupados por hacer compatibles la sostenibilidad y la arquitectura de calidad. Nos ofrecen soluciones a los diferentes climas de la península, desde el frío y lluvioso norte al cálido sur; propuestas donde aparecen materiales naturales y también aquellos más novedosos; construcción ligera y pesada, inercia térmica, invernaderos, muros Trombe, etc. Algunas apuestan por las energías limpias, desde la tecnología solar y geotérmica a los ejemplos de viviendas bioclimáticas, y otras son viviendas industrializadas construidas en seco. Muchas investigaciones se dirigen precisamente hacia una reducción de los costes de construcción, incidiendo en uno de los aspectos más olvidados de la sostenibilidad: su componente social.

En definitiva, un amplio abanico de viviendas unifamiliares que aplican aspectos diversos de sostenibilidad en un marco geográfico amplio y muy próximo.

Índice de contenidos:


Agradecimientos
Prólogo
Presentación

Las claves de la sostenibilidad, por Alberto Cuchí
La vivienda unifamilar y la energía, por Emilio Miguel Mitre

Refugio junto a la montaña (adhoc msl)
Vivienda en paraje de Corverica (adhoc msl)
Casas pareadas en un centro histórico (Pilar Alberich Sotomayor)
Casa de retiro espiritual (Emilio Ambasz y Felipe Palomino)
Casa en Les Cabanyes (Esteve Aymerich y Ton Salvadó)
Casa Big sur (Rafael Balanzó Joue)
Casa Madrigal (Bernalte-León y Asociados)
Casa Arévalo/Casa Patio (Bernalte León y Asociados)
Vivienda Solar Pasiva (Lluís Bravo)
Estudio de pintura (Coque Claret y Daniel Calatayud)
Torre Ferrera (Daniel Calatayud)
Vivienda unifamiliar en Pamplona (Capilla Vallejo Arquitectos)
Casa Alpuente (Joaquim Casals)
Vivienda entre medianeras (Antonio Cayuelas)
Vivienda estudio de un pintor (Francisco Cifuentes y Pedro Pablo Vaquer)
Vivienda entre medianeras (dataAE)
Casa en ladera (Casa Arnau) (Juan Domingo Santos)
Vivienda de acero y madera (ecosistema urbano)
Casa Kyoto (Equip Arquitectura Pich-Aguilera)
Casa Lubillo-Fisac (espegel-fiscac arquitectos)
Casa Millet-Santiveri (exe.arquitectura)
Casa Montull (Ramon Fité y Julio Mejón)
Casa Garriga-Poch (Arturo Frediani)
Vivienda Bioclimática (Frutos Sanmartín Arquitectes)
Vivienda aislada en Terrassa (Frutos snamartín Arquitectes)
Casa 78 (H Arquitectes)
Casa 108 (H Arquitectes)
Vivienda en el barrio del Realejo (Ibáñez arquitectos SC)
Casa en Sanxenxo (irisarri+piñera)
Casa en Gondomar (irisarri+piñera)
Cobertizo transformado en vivienda (Eduardo Martín Martín y Lluis Javier Martín Martín)
Casa de secano (MG Arquitectos)
Magic Box (Francisco Javier Neila)
Casa para un ecologista (Javier peña Galiano)
Casa para dos coleccionistas (Javier peña Galiano)
Reforma de un piso ático (Hubertus Pöppinghaus y Charo García Diego)
Dos viviendas y estudio de arquitectura (Josep Maria Puigdemasa Hospital)
Casa Fina (Francesc Rius Camps)
Vivienda bioclimática: La Geria (Ruiz-Larrea & Asociados)
Vivienda experimental en Tenerife (Serra Adroer Arquitectes)
Casa Titus (M. Mar Solà Diaz y Alfredo García Ferrer)
Casa Transpirable (Alfons Soldevila)
Vivienda con estudio en Tiana (David Soldevila Riera)
Casa TG (Fernando Tabuenca)

Bibliografía
Créditos fotográficos
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Texto del prólogo:

‘Prólogo

Ramon Folch

Me pregunto qué habrá pasado en el mundo de la construcción para que quepa hoy hablar de edificios bioclimáticos o sostenibles. El artificio habitable, ya desde los tiempos de la cueva más o menos transformada, siempre había tenido como objeto lograr espacios gratificantes con el menor esfuerzo y con el mayor resultado. Sólo en las construcciones simbólicas o de aparato no se reparaba en gastos, y eso porque su finalidad era justamente la ostentación. Así que todas las casas han aspirado siempre a ser más o menos bioclimáticas y, por supuesto, sostenibles.

Siempre, hasta ayer. Hasta que la cornucopia del carbón, primero, y del petróleo, después, trajo el bendito invento del desarrollo industrial y, también y por desgracia, el triste enloquecimiento de sus demiurgos. En efecto, la facilidad con que podía recorrerse a prótesis energéticas y de todo tipo condujo a la preterición, primero, y, después, casi al desprecio de las destrezas y capacidades acumuladas durante siglos. En todos los campos, pero muy especialmente en la arquitectura. Las muletas, entonces, desplazaron a las piernas.

Seguramente no fue una buena idea. En los albores del siglo XXI, en todo caso, esa idea discutible se está revelando, además, como difícilmente sostenible. La energía se encarece –pasa a costar lo que siempre valió, aunque el precio no lo reflejara…– y las disfunciones ambientales generadas por tanta externalización de emisiones y residuos se tornan insoportables. De ahí el rescate del bioclimatismo y de la sostenibilidad de toda la vida, redescubiertos como grandes novedades.

Aunque no exactamente. En arquitectura y en urbanismo, bioclimático y sostenible, hoy en día, significan algo más. Recuperan lo que ya sabíamos, pero adquieren una nueva dimensión, potenciada por los conocimientos modernos y por el nuevo contexto en que se desenvuelven las cosas. Bioclimatismo y sostenibilidad son ahora ejercicios de sofisticada eficiencia, serios retos de diseño avanzado: las nuevas formas al servicio de las nuevas funciones.

Este libro compila y expone un amplio abanico de edificaciones concebidas y levantadas con arreglo a ese nuevo planteamiento bioclimático y sostenibilista. Más o menos, porque hay casos en que el proyecto deshace camino y cambia felizmente derrotero, y otros en que simplemente añade nuevas prótesis a las que ya estaban de más. Como quiera que sea, esto es lo que hay, y es muchísimo, si se compara con lo que había un par de décadas atrás.

Algunos de los arquitectos autores de proyectos reflejados en este libro hacen hincapié en la pretendida insostenibilidad intrínseca de la ciudad y, por ende, de cualquier edificio. Se remiten al carácter de bien de consumo de la casa o a la condición necesariamente efímera de la construcción, considerada durante un plazo lo suficientemente largo. Me temo que hay una confusión de por medio. Nada es indefinidamente sostenible en el tiempo, empezando por el propio universo, bien es verdad, pero es que, en la práctica, sostenibilidad es internalización de responsabilidades, no eternización de resultados. El distingo no es cosa menor.

El sofisma que supone afirmar que jamás puede llegarse a lugar alguno porque al recorrer la mitad de la distancia queda la otra mitad, susceptible de ser a su vez partida en otras dos mitades, y así indefinidamente, se resuelve mediante el recurso al cálculo infinitesimal o, más expeditivamente, por la vía empírica de llegar a ese lugar y listo... Con la sostenibilidad en el tiempo ocurre algo comparable. No se trata de durar para siempre, sino de que el coste de durar lo que se dure sea proporcional al servicio obtenido y no acarree disfunciones irreparables en el sistema global (que es homeostático y, además, capaz de recuperarse, por cierto). Conviene aclarar estas cosas para no proponerse objetivos inalcanzables o para no desalentarse ante la hercúlea dimensión del propósito.

El caso es que este libro muestra más de cuarenta ejercicios de arquitectura con vocación sostenibilista o bioclimática, todos ellos llevados a cabo en el marco ibérico. Cabe congratularse. Confieso que no pensaba que hubiera ya tantos. Me parece muy meritorio el esfuerzo que intuyo debe de haber tras cada uno de esos proyectos, seguramente vistos con displicencia, si no con desdén, por los modernos anticuados, que todavía son muchos. E, igualmente, aprecio en sumo grado el trabajo de rastreo y compilación llevado a cabo por el autor de la obra, así como la idea de dar voz a los proyectistas para que sepamos qué ideario hay detrás de cada proyecto concreto.

Con este libro queda demostrado que una arquitectura de vocación sostenibilista y bioclimática es bien posible, además de muy necesaria. Sin embargo, no dejan de inquietarme lo que a mi juicio son dos flaquezas del panorama presentado: la excesiva carga de apósitos epidérmicos para subrayar la perseguida sostenibilidad y la circunscripción a la vivienda unifamiliar. Lo segundo parece que será remediado en un próximo volumen, aunque ya es significativo que el editor prefiera empezar por la casa aislada; lo primero tiene peor arreglo.

Urbanísticamente hablando, el propio concepto de casa aislada es ya objetable en términos sostenibilistas. Como excepción, está bien; como norma, no. La casa aislada prefigura un modelo urbano laxo, contrario a los principios de compacidad compleja inherentes al urbanismo sostenibilista, que busca tasas altas de interacción espontánea entre los agentes sociales y tasas bajas de movilidad obligada o de consumo de territorio y de materiales escasos. En cuanto a los apósitos epidérmicos, bien estará recordar que una pertinente colocación y orientación cardinal, y que unos adecuados materiales, cerramientos o secuenciación espacial de funciones son mucho más determinantes para el balance sostenibilista final que los aditamentos protésicos fijados en tejados o fachadas. Los acabados mejoran la estructura, pero no la corrigen.

El tiempo y la maduración de las actitudes corregirán estas vacilaciones iniciales. Pero es bueno señalarlas para ahorrar innecesarios rodeos. Queda mucho por recorrer, la senda está ya abierta. Se hace camino al andar.

Dr. Ramon FolchSocioecólogo, Director General de ERFPresidente del Consejo Social de la Universitat Politècnica de Catalunya’

Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL
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Texto de la presentación:

‘Presentación

Toni Solanas

La complejidad y la incertidumbre son dos características de nuestra sociedad. Para afrontar la complejidad fragmentamos la realidad y profundizamos en el conocimiento de lo parcial pero nos alejamos de la comprensión global de los fenómenos y los hechos. La incertidumbre nos llega tras unos tiempos de certezas y confianza ciega en el progreso, tras el fracaso en el siglo pasado de algunas formas de organización social. Para afrontar el desasosiego que ambos factores unidos nos producen necesitamos una visión global obtenida a partir de poner en contacto los conocimientos de las diversas materias en que hemos fragmentado nuestra percepción del mundo. La arquitectura no puede eludir esta necesidad. Conviene sumergirnos en el conocimiento de disciplinas diversas para poder orientarnos en la complejidad. Recordamos la reivindicación de la filosofía que hacía José Antonio Coderch en los años de 1960 como materia necesaria para ser impartida en nuestra formación. Hoy, para acometer mejor el hecho edificatorio, la ocupación del territorio y nuestra función social necesitamos instrumentos propios de otras disciplinas. Nos acercamos, para enriquecernos, a la ecología, la física, la biología y la economía, entre otras, para aprender nuevas maneras de mirar el entorno y conocer los efectos secundarios de nuestras decisiones.

La revolución industrial trajo consigo un nuevo modelo productivo en el que el consumo de energía y materias primas se ha multiplicado de manera acelerada, hasta el punto de que hoy sabemos que algunas de las más utilizadas están en proceso de extinción. En el otro extremo del ciclo productivo, la cantidad y características de los residuos producidos están modificando la biosfera, con efectos perjudiciales para nuestra salud. Disponemos de datos que afirman que la construcción, el transporte asociado y el uso de los edificios consumen más de la mitad de los recursos no renovables y generan, asimismo, cerca de la mitad de los residuos y emisiones de CO2. Los arquitectos y todos los sujetos con poder de decisión que intervienen en el proceso de la construcción somos, por tanto, corresponsables de la resolución de los numerosos y graves problemas ambientales que han surgido en los últimos treinta años. Seguimos a Brian Edwards y Paul Hyett en la enumeración de los mismos. En la década de los años de 1970 la crisis del petróleo provocó la preocupación por el encarecimiento de la energía. En la de 1980 se tuvo conocimiento del calentamiento global provocado por la acción del hombre, se acuñó el concepto de ‘desarrollo sostenible’ y se constató el deterioro de la capa de ozono. En los años de 1990 se agravaron y generalizaron los problemas de distribución y calidad de los recursos hídricos, se tomó conciencia de la conveniencia de proteger los bosques tropicales y la biodiversidad. En el presente milenio están aflorando, cada vez con mayor fuerza, los problemas de salud y determinadas condiciones de vida en las ciudades.

Hoy sabemos que el modelo de producción actual es insostenible en el marco global. El desarrollo sostenible se ha convertido en una exigencia reconocida de manera general. Aunque disponemos de una definición muy divulgada del mismo y es comúnmente aceptado que dicho desarrollo debe conseguir el equilibrio entre tres factores que lo sustentan: el social, el económico y el medioambiental, la aplicación varía según la actitud de quien la realice. No es extraño que la ambigüedad del calificativo haya facilitado que el nombre se haya puesto de moda, con el peligro de banalización que ello comporta. Son cada vez más frecuentes los reportajes y noticias en los medios de comunicación, algunos clarifican, otros crean confusión, hasta el punto de que el vocablo corre el riesgo de morir de éxito sin que se haya formulado todavía un corpus teórico común entre sus diversas acepciones. Vemos que se utilizan como sinónimos los términos arquitectura sostenible, bioclimática, verde, ecológica. Los dos últimos están estrechamente vinculados a la naturaleza y a la salud, quien los sigue utiliza los materiales menos contaminantes y procura una relación armoniosa con la naturaleza. Las características de la edificación bioclimática están explicadas de manera clara y precisa en el texto de Emilio Miguel Mitre.

No añadiremos otra definición más de arquitectura sostenible, pero sí señalaremos algunos de los elementos que la caracterizan. Por una parte, engloba características de la ecobioconstrucción y de la arquitectura bioclimática; por otra, ha de tener también en cuenta los otros dos factores mencionados: el social y el económico; de esta forma producirá situaciones armónicas y de equilibrio entre los tres conceptos. Es poco frecuente encontrar referencias a los aspectos sociales y económicos al hablar de sostenibilidad: la vertiente medioambiental parece ser el único objetivo. Respecto a los aspectos sociales cabe resaltar el objetivo de conseguir el bienestar social y comunitario, favoreciendo la cohesión social con la mejora del espacio público y la participación ciudadana en el proyecto y la gestión de lo público. Respecto al factor económico hay que señalar que una política de desarrollo sostenible debe crear prosperidad económica, en particular puestos de trabajo y educación, debe internalizar los costes de repercusión y tener en cuenta los beneficios/perjuicios de cualquier decisión económica a corto, medio y largo plazo. Un enunciado que ha hecho fortuna respecto al ámbito medioambiental es el de las 3 R: reducir, reutilizar, reciclar. Reducir el consumo de materiales escasos y energías no renovables, ya que la ocupación indiscriminada del territorio y la producción de residuos requieren una modificación importante de los hábitos del consumismo actual. Reutilizar es sinónimo de remodelar y rehabilitar un edificio, o volver a usar un producto, y reciclar implica utilizar materiales que lo permitan. Esto no significa que se haya de disminuir ni renunciar a un determinado nivel de vida, sino que se debe cambiar el concepto de calidad de vida actual, que prioriza excesivamente la cantidad, a otro que tenga como base la calidad. Esta progresiva cuantificación en detrimento de la cualificación se ha producido también en la apreciación del confort en la vivienda. Lo describió, hace ya algunos años, Luis Fernández Galiano: ‘(...) la progresiva erosión del valor simbólico del fuego corre paralela a su multiplicación cuantitativa; el fuego se reproduce y divide, se especializa, prolifera en números y magnitud; pero, simultáneamente a este proceso de incremento en la cantidad, sufre una lenta y segura disminución de la cualidad: pierde sus contenidos rituales y míticos y es desplazado, hasta su expulsión definitiva, del lugar central que ocupaba en el espacio de la arquitectura’.

Es importante destacar otro aspecto relativo al concepto de sostenibilidad que modificará nuestros hábitos de trabajo: la conciencia de una nueva relación con los sistemas naturales que nos conducirá a una nueva manera de ‘observar’ el paisaje, tal y como señala Iñaki Ábalos: ‘Los elementos naturales (aire, agua, tierra, sol, plantaciones superficiales, arbustivas y arbóreas) se utilizarán como los materiales propios del arquitecto, así como los proveedores principales de fuentes energéticas (eólica, hidráulica, geotérmica, solar, etc.). El arquitecto que complete su formación como paisajista deberá aprender desde el primer momento que trabaja en un medio dinámico, inestable y vivo, sujeto a procesos entrópicos. Y esto siempre: no sólo cuando trabaja en áreas propias del paisajismo, sino en todo proyecto arquitectónico. Debe aprender a escuchar técnica y científicamente ese medio físico en el que opera’. Este nuevo aprendizaje con elementos tan cambiantes como son los vinculados a los ciclos cerrados de la naturaleza implica considerar la sostenibilidad como un proceso y, en consecuencia, lo importante es la actitud que adoptemos ante la nueva situación.

Para poder llevar a cabo arquitectura sostenible es preciso disponer de la máxima información: es imprescindible conocer cómo afectan los diversos materiales y las técnicas constructivas al medio ambiente y saber qué impacto produce cada una de las decisiones de materialización del proyecto. Existe bibliografía reciente sobre la bondad medioambiental de los materiales, cuáles son los que deben priorizararse, los utilizables con reservas y los de uso peligroso, pero hay que aumentar y mejorar, de forma considerable, la información que proporcionan los fabricantes sobre los efectos ambientales de los productos, el grado de reciclado y la posibilidad de reciclaje de los diversos materiales que proporciona el mercado. Disponemos de nuevos métodos de valoración como es el ACV (análisis del ciclo de vida) e instrumentos de análisis como la ‘huella ecológica’. En el análisis del ciclo de vida se estudia el impacto ambiental de un material ‘desde la cuna hasta la muerte’, para ello es preciso conocer cuál es el consumo energético y la contaminación al medio de los diversos procesos que hacen posible su utilización: la extracción de las materias primas necesarias para su producción, el proceso de fabricación, el transporte, su colocación en la obra, su posible incidencia durante el uso del edificio y en el momento de su derribo. En el estudio de la huella ecológica se evalúa la cantidad de territorio necesario para generar los recursos y absorber los residuos que una determinada actividad necesita y produce. El dato concluyente lo determinará, sin embargo, el análisis del comportamiento del edificio terminado; entre la modelización simulada del proyecto y el comportamiento real pueden producirse cambios importantes, y para realizar políticas medioambientales es imprescindible conocer consumos reales.

Existen diversos criterios de valoración del grado de sostenibilidad de un edificio; el Institut de Tecnologia de la Construcció ha realizado el ejercicio de llevar al límite los requisitos que puntúan en el método LEED, con el objeto de conocer cómo sería un edificio merecedor de la máxima puntuación. El resultado sería un edificio construido en un terreno marginal, sin valor ecológico, probablemente una rehabilitación. El edificio no consume ningún tipo de energía fósil y la eficiencia energética le permite autoabastecerse energéticamente mediante la captación de energía solar. Se llega a él con sistemas de transporte que no utilizan combustible fósil. Capta el agua que utiliza, la recicla y retorna al ciclo natural depurada, no interfiere en el agua que circula fuera de sus límites. Los materiales utilizados son reciclados o reciclables al 100 %, de origen local y no producen emisiones: probablemente sea una rehabilitación. Aporta una calidad ambiental interior óptima, permite unas demandas de confort adaptadas a los usuarios y la eficiencia está continuamente controlada.

Hace años que los países del norte de Europa nos muestran soluciones. Existe ya una bibliografía sobre arquitectura sostenible en climas más fríos de países más ricos que el nuestro. En España hay destacados pioneros en el campo del bioclimatismo, aunque la bibliografía sobre arquitectura sostenible construida es aún escasa; a pesar de que se publican revistas dedicadas a la ecobio- construcción, parece que existe un claro divorcio entre esta forma sostenible de construir y el lenguaje moderno ¿Existen acaso los equivalentes a un Gion Antoni Caminada o un Martin Rauch en España? Con la publicación de este libro aspiramos a presentar, naturalmente no de forma exhaustiva, algunos ejemplos que nos aporten una visión de cuál es la situación de la arquitectura sostenible en nuestro país y cómo se enfrentan sus autores a los retos de la sostenibilidad. Somos conscientes de que las soluciones idóneas para un determinado lugar pueden no serlo en otro, y de que los caminos a seguir son distintos según las condiciones locales. Como señala Carlos Verdaguer Viana-Cárdenas: ‘La constatación, por otra parte, de que no existen fórmulas ni soluciones únicas para afrontar el reto de la explosión urbana desde la sostenibilidad no puede ser tampoco una coartada para aceptar acríticamente cualquiera de los instrumentos y soluciones que se autodenominan como ecológicos. La extensión imparable de la no ciudad a lo largo y ancho de la superficie del planeta está dando lugar a un paisaje en el que conviven lo fragmentario y lo continuo, lo diverso y lo homogéneo, y la propia extensión de lo global retroalimenta, a su vez, todo tipo de procesos locales sobre el territorio. La aplicación generalizada del paradigma sostenible requerirá en unos casos introducir rupturas y quiebros, y en otros reestablecer las continuidades, favorecer unos procesos en contra de otros según las situaciones, saber convertir los problemas en oportunidades, apostar en unas ocasiones por la globalidad y en otras por la particularidad, pero, en cualquier caso, para que sea realmente sostenible, no podrá consistir en una tarea ajena a la voluntad de todos y cada uno de los habitantes del planeta, y será imprescindible llevarla a cabo contando con lo que realmente existe, considerando lo construido como una segunda naturaleza, con sus leyes y procesos autoalimentados. Entender estas leyes, en las que somos a la vez sujeto y objeto, es un objetivo que debe ser asumido socialmente’. Sin embargo, algunos objetivos son lo suficientemente importantes y ampliamente conocidos como para que merezcan ser considerados entre los requerimientos a tener en cuenta en cualquier edificio: minimizar los consumos de energía y agua, así como el uso de aquellos materiales considerados como contaminantes y evitar los tóxicos, usar energías limpias y disminuir al máximo la producción de residuos. Debería ser habitual encontrar edificios con aislamientos de 10 cm en fachadas y 15 cm en cubiertas. En Centroeuropa se considera que el consumo energético para calentar la denominada vivienda pasiva ha de ser del orden de 10 kW/m2 al año. ¿A cuántos arquitectos y/o usuarios inquieta conocer cuál es el consumo de su edificio? Es ineludible que se debe mejorar el conocimiento de la eficiencia de los edificios para poder establecer objetivos que sean cuantificables. Muy pronto, conocer el consumo energético per cápita de un edificio será un hecho habitual, de la misma forma que hoy se conoce y valora cuál es el consumo de un vehículo, sabiendo que la conducción, o el comportamiento del usuario en el caso de edificios, puede modificar sustancialmente dicho consumo.

Esta obra no pretende ser un recetario de cómo debe ser la vivienda sostenible. No hay que olvidar que el clima no es globalizable y que, por lo tanto, una buena solución en el Cantábrico puede ser inadecuada en el caluroso sur. Porque ni hay un modelo generalizable ni estamos ante el relativismo del que cree que por usar una bombilla de bajo consumo la casa ya puede calificarse de sostenible. La intención es promover el conocimiento a través de la información que ofrece el conjunto de las experiencias seleccionadas. A la espera de un segundo volumen sobre vivienda plurifamiliar y uso residencial, en este se ha dado prioridad a la publicación de viviendas unifamiliares construidas, aunque se han incluido también dos estudios de artista, una casa en fase de proyecto, dos experimentales y algunas bifamiliares. Si bien la vivienda unifamiliar es una solución desaconsejable como modelo de ocupación del territorio, por la gran cantidad del mismo que utiliza, el alto grado de movilidad que induce, las costosas necesidades de servicios posteriores que requiere, y por tener un factor de forma poco eficiente, es la tipología que permite una mayor posibilidad de experimentación tanto en aspectos formales como técnicos. El contacto directo con el usuario facilita a menudo la posibilidad de ser un banco de pruebas y ensayo de novedosas soluciones.

Dos estudios introductorios, redactados por dos destacados expertos, proporcionan un marco teórico adecuado y enriquecen notablemente la obra. Solicitamos a Albert Cuchí que planteara el problema al que hay que dar respuesta, y a Emilio Miguel Mitre cómo debe ser la arquitectura sostenible en España. En el Prólogo, el prestigioso ecólogo Dr. Ramón Folch aporta, desde su disciplina, contrapuntos y observaciones a tener en cuenta. La selección de obras se ha realizado con total libertad por parte de la empresa editora y responde, por tanto, a criterios subjetivos del autor. El interés de las obras escogidas responde a una doble vertiente: una arquitectura actual y con un grado estimable de sostenibilidad. La selección recoge aportaciones procedentes de toda la geografía y de los diversos climas peninsulares. Incluye diversas sensibilidades y maneras de entender la sostenibilidad. La actitud que cada profesional adopta ante ella se da a conocer a partir de las soluciones formales y técnicas planteadas en cada obra y a través de las respuestas a cuatro preguntas. La obra incluye posiciones pragmáticas que aportan datos cuantificables, sin excluir propuestas más intuitivas. Se ha intentado superar dicotomías excluyentes entre industria y naturaleza; los edificios seleccionados apuntan campos de interés y actuación diversos. Así, se presentan casas enterradas, ejemplos de muro Trombe, viviendas en las que se aprovecha el agua de lluvia y reciclan las grises, o aquellas que minimizan la producción de residuos, las de quienes calculan la ‘huella ecológica’ y las de quien experimenta con nuevos materiales y tecnologías, las de los que investigan la industrialización y recuperación futura, y los que se insieren en el lugar de manera poética. Hay ejemplos de viviendas de arquitectos preocupados por integrar los nuevos artilugios tecnológicos en el edificio, y otros en los que se plantea el uso de nuevas fuentes energéticas. Los edificios bioclimáticos y los desmontables. Ciertamente, al realizar la selección no se ha conseguido llegar a obras que merecerían aparecer, pero seguro que todas las publicadas sugieren caminos a explorar, ideas a desarrollar, procesos constructivos a experimentar, materiales a recuperar y errores a no repetir. Han quedado sin publicar muchas obras; se han descartado algunas ya muy conocidas, y otras se han excluido por problemas técnicos o por la siempre lógica limitación en la extensión de cualquier publicación.

Lo importante y deseable es que todas las actitudes aporten elementos de reflexión, susceptibles de ser tenidos en cuenta, y necesarios para la definición de nuevas formas que han de ser capaces de responder a los retos de la sostenibilidad, ante los que hay que actuar con la actitud que señala certeramente Josep Quetglas: ‘(...) otra arquitectura, que responde a necesidades humanas concretas, para la que un proyecto es el reconocimiento y la respuesta a dificultades colectivas, y en la que el arquitecto no es sino uno –el primero– entre los usuarios del edificio, que reconocen, sólo gracias al ingenio y el esfuerzo de lo que ha sido construido, la posibilidad de gestos nuevos que superan las insuficiencias del presente, que inciten a reencontrar la naturalidad perdida de las relaciones entre las personas’.9 Porque la sostenibilidad no es un nuevo gadget a incorporar a los proyectos y las obras, la sostenibilidad obligará a modificar formas de vida y, por lo tanto, exigirá nuevas maneras de proyectar, de construir, de utilizar los edificios; en una palabra, una arquitectura nueva y distinta de la que probablemente conocemos sólo los balbuceos iniciales. El reto es ineludible, difícil y apasionante, y cada vez son más los interesados en afrontarlo. Algunos de ellos aparecen en las páginas que siguen.’

Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL

Vivienda y sostenibilidad en España. Vol.1: unifamiliar

(Arte y cemento, 11/2010)

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Editorial David N. Buck
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Encuadernacion Rústica
Fecha de edición 1 feb 2007
Fecha de tirada 1 feb 2007
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