Tarjetas comerciales

El arte de saludar
AGOTADO

El diseño de tarjetas comerciales es uno de los encargos más frecuentes para un estudio de diseño, así como un autentico reto pues requiere una inteligente disposición del espacio para conseguir un buen diseño. Este libro muestra más de 300 diseños de tarjetas, agrupados por categorías estéticas (tipográficas, ilustradas, fotográficas, etc.) y supone una fuente de inspiración fundamental para diseñadores gráficos y personas vinculadas al mundo de la creatividad.

Descripción técnica del libro:

25 x 16 cm
272 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425219757
Rústica
2006
Visa Mastercard PayPal
AGOTADO

El diseño de tarjetas comerciales es uno de los encargos más frecuentes para un estudio de diseño, así como un autentico reto pues requiere una inteligente disposición del espacio para conseguir un buen diseño. Este libro muestra más de 300 diseños de tarjetas, agrupados por categorías estéticas (tipográficas, ilustradas, fotográficas, etc.) y supone una fuente de inspiración fundamental para diseñadores gráficos y personas vinculadas al mundo de la creatividad.
Extracto de la introducción:

Todas las tarjetas comerciales ofrecen dos niveles de lectura.
Es cierto que existen excepciones ya que algunas tarjetas pueden tener múltiples personalidades y ofrecer un mayor grado de información sobre su dueño, pero ya hablaremos de ellas más adelante. Por lo general, todas las tarjetas presentan, por una parte, un contenido elaborado, creativo, y por otra, uno informativo (los datos de contacto).
El contenido de una tarjeta comercial puede distribuirse en una o dos caras. Algunas personas consideran demasiado aventurada la impresión de sus tarjetas por ambos lados. Prefieren las tradicionales tarjetas de una sola cara que encajan en los tarjeteros de plástico estándar y permiten ver su contenido sin tener que sacarlas de allí. Éste no es mi caso puesto que no me considero tan disciplinado. Creo que es importante disfrutar de todos los aspectos que componen una tarjeta comercial: además de sus caras impresas, otros elementos son fundamentales, como el troquel, la textura del material o incluso su olor. Además, me gusta cómo quedan apoyadas sobre una mesa, colgadas en la pared o, si son tridimensionales, colocadas sobre la pantalla de un Mac.
Volviendo a la dualidad de las tarjetas, la mayor parte de ellas cumplen la función de comu-nicar a un desconocido algo sobre uno mismo. Por un lado, comunican un aspecto objetivo y concreto, como es la ubicación física en el mundo (nombre, dirección, teléfono, etc.) y por otro, transmiten información referente a algo menos fácil de definir: la personalidad. Evidentemente, este segundo aspecto no se tiene en cuenta en las tarjetas del personal de una gran empresa, donde todos los trabajadores —desde los altos cargos hasta el vendedor más joven— utilizan un mismo modelo (costumbre que, a mi modo de ver, debería cambiar).
Las palabras no son el único medio a utilizar para transmitir la información deseada. Según el contenido y el diseño de una tarjeta, daremos pistas sobre una determinada personali-dad al receptor. Por ejemplo, si incluimos únicamente el número de teléfono móvil, podrá deducirse que el propietario de la tarjeta es un nómada. Presentando solamente una dirección web dará una imagen de estar completamente digitalizado, casi etéreo. También el modo en que uno se define influirá en la idea que de él se formará el receptor: podemos presentar en nuestra tarjeta un título socialmente establecido para determinado trabajo o bien inventar una referencia que defina de forma original nuestra profesión.
En la actualidad, la aparición de nuevas formas de trabajo (desde casa, en la carretera) ha hecho que muchas personas realicen múltiples funciones, lo que ha provocado un aumento en la cantidad de información que deben contener las tarjetas comerciales. Necesitamos que el receptor asimile toda la información que le ofrecemos en un espacio muy reducido. Nuestra labor o la de nuestro diseñador consiste en facilitar al máximo este proceso comunicativo.
En el momento en que empezamos a considerar el diseño de una tarjeta, todas las decisiones que se tomen dirán mucho acerca de la propia personalidad: ¿hasta qué punto eres ordenado? ¿Guardas tus tarjetas en un tarjetero para que no se les estropeen los bordes? Este hecho determinará sus dimensiones. ¿Tienes que apretarte el cinturón y no deseas gastar dinero en facturas de imprenta, y por ello confeccionas tus propias tarjetas a partir de recortes y garabatos? ¿Eres tan exageradamente espontáneo que necesitas preparar una nueva tarjeta cada día, sacando humo de tu Mac cinco minutos antes de partir hacia una importante entrevista? ¿Tienes encanto? ¿Eres tradi-cional, ingenioso, austero, colorista, juguetón, ostentoso, funcional? Y esto es lo que quieres que te pregunten si eres diseñador: ¿eres creativo?
Cada vez que entregas una de esas tarjetas rectangulares de 55 x 80 mm, tu interlocutor se plantea todas estas cuestiones y muchas más acerca de ti.
Pero ¿por qué marcarse límites?
Existe un mundo entero de soluciones a la hora de crear tarjetas comerciales. Pueden obtenerse resultados muy creativos utilizando los medios más sencillos, como una simple tinta negra sobre una cartulina blanca no mucho mayor que una caja de cerillas, y aun así transmitir toda la información deseada. Puedes incluso divertirte con las máquinas que imprimen tarjetas comerciales en los aeropuertos o las estaciones. Déjate llevar; olvídate de las normas y reinventa la rueda. No es imprescindible gastarse una fortuna, aunque algunos lo hagan. Parece que actualmente estamos viviendo el auge de las tarjetas comerciales, impulsado por la proliferación de sofisticadas pero asequibles tecnologías y técnicas de diseño y retoque de imagen.
Todo es posible, o eso demuestra la evidencia.
En el momento de crear una tarjeta comercial, las posibilidades son ilimitadas. Pueden producirse en grandes canti-dades o personalizadas. se pueden doblar, cortar, rasgar, pegar. Es posible realizarlas en infinidad de mate- riales: madera, metal, plástico, y todo ello sólo para el cuerpo físico de la tarjeta. A continuación debe considerarse el sistema mediante el cual se aplicarán las imágenes —estampación, offset, fotocopiadora, aerosol, cuatricromía, tintas especiales, barniz, serigrafía o el rudimentario sistema de estampación con una patata—. Finalmente, faltará elegir los elementos a disponer: fotografía, ilustración, collage, tipografía.
Las tarjetas comerciales pasan de mano en mano. Debes decidir qué función deseas otorgarles. Pueden servir para romper el hielo, o bien para provocar una reacción determinada; pueden proponer un juego, actuar como muestra del propio trabajo, como una exposición de bolsillo...
Las tarjetas revelan los secretos más íntimos de uno mismo.
Más información
Editorial David N. Buck
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Encuadernacion Rústica
Fecha de edición 1 ene 2006
Fecha de tirada 1 ene 2006
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