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Swiss Made
Suiza ha sido el país de origen de algunos de los arquitectos más admirados del panorama arquitectónico actual. Ilustradas profusamente a través de planos, dibujos y fotografías, las obras de los arquitectos suizos tanto emergentes como consolidados que este libro presenta muestran un impresionante nivel de destreza, precisión material e invención formal.
Aparecen obras de estudios como Bearth+Deplazes, Burkhalter Sumi Architekten, Gion A. Caminada, Jürg Conzett, Diener & Diener, Gigon & Guyer, Marcel Meili & Markus Peter Architekten, Peter Märkli, Miller & Maranta, Morger & Degelo Architekten, Valerio Olgiati, Peter Zumthor.
Descripción técnica del libro:
Suiza ha sido el país de origen de algunos de los arquitectos más admirados del panorama arquitectónico actual. Ilustradas profusamente a través de planos, dibujos y fotografías, las obras de los arquitectos suizos tanto emergentes como consolidados que este libro presenta muestran un impresionante nivel de destreza, precisión material e invención formal.
Aparecen obras de estudios como Bearth+Deplazes, Burkhalter Sumi Architekten, Gion A. Caminada, Jürg Conzett, Diener & Diener, Gigon & Guyer, Marcel Meili & Markus Peter Architekten, Peter Märkli, Miller & Maranta, Morger & Degelo Architekten, Valerio Olgiati, Peter Zumthor.
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Contenidos 006 La innovación y la búsqueda paciente, Steven Spier 014 Bearth + Deplazes 016 Estación de telesilla, Arosa, los Grisones 020 Casa Meuli, Fläsch, los Grisones 026 Reforma de una pista de patinaje, Arosa, los Grisones 028 Galería de Arte Contemporáneo, Marktoberdorf, Alemania 032 Burkhalter Sumi Architekten 034 Reforma del laboratorio EMPA, Dübendorf, Zúrich 038 Villas plurifamiliares, Witikon, Zúrich 046 Edificios de oficinas, Opfikon, Zúrich 048 Reforma del edificio Sulzer, Winterthur 054 Gion A. Caminada 056 Establos y matadero, Vrin, los Grisones 058 Totenstube, Vrin, los Grisones 064 Casa unifamiliar, Vignon, los Grisones 068 Hotel Alpina, Vals, los Grisones 074 Jürg Conzett 076 Pasarela de Surasuns, Viamala, los Grisones 082 Puente peatonal, Brujas, Bélgica 086 Pasarela, Viamala, los Grisones 088 Diener & Diener 090 Viviendas en la isla de Java, Amsterdam, Países Bajos 094 Torre ABB, Baden 100 Centro comercial, Lucerna 104 Embajada suiza, Berlín, Alemania 112 Gigon & Guyer 114 Museo Liner, Appenzell 122 Edificios de viviendas en la Susenbergstrasse, Zúrich 126 Parque-Museo Arqueológico de Kalkriese, Osnabrück, Alemania 130 Conjunto residencial y de oficinas Pflegiareal, Zúrich 134 Marcel Meili, Markus Peter Architekten 136 RiffRaff 2, Zúrich 142 Centro Swiss Re para el Diálogo Global, Rüschlikon, Zúrich 148 Casa Parásito, Rotterdam, Países Bajos 152 Embajada suiza, Washington DC, EE UU 154 Peter Märkli 156 La Congiunta, Giornico, Ticino 160 Casa unifamiliar, Hünenberg 166 Escuela, Zúrich Norte 168 Casa unifamiliar, Azmoos 172 Miller & Maranta 174 Mercado, Aarau 178 Viviendas Schwarzpark, Basilea 180 Escuela Volta, Basilea 188 Morger & Degelo Architekten 190 Museo de Arte de Liechtenstein, Vaduz 194 Viviendas de St. Alban-Ring, Basilea 196 Casa Müller, Staufen, Basilea 200 Complejo de Reinach, Basilea 202 Valerio Olgiati 204 Escuela, Paspels, los Grisones 210 Das gelbe Haus, Flims, los Grisones 214 Edificio de oficinas, Zúrich 216 Peter Zumthor 218 Caja de Sonido, Exposición Universal de Hannover 2002, Alemania 224 Topografía del Terror, Berlín, Alemania 226 Casa unifamiliar, los Grisones 230 Kunsthaus, Bregenz, Austria 236 Esencialmente realismo, Martin Tschanz 244 Biografías de los arquitectos 246 Créditos de los proyectos 252 Bibliografía 255 Créditos fotográficos 256 Agradecimientos |
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La innovación y la búsqueda paciente
Minimalismo, neomodernismo, la nueva sencillez, la neue Sachlichkeit (Nueva Objetividad), la caja. Todos estos términos se han utilizado para describir la arquitectura suiza contemporánea y, sin duda, algo de verdad hay en todos ellos. Cualquier observador podrá percibir una reducción en la forma y una preferencia por lo ortogonal, un nivel de construcción muy alto y una gran precisión en los detalles. Se podría incluso admitir cierta relación con el arte minimalista. Sin embargo, las semejanzas formales y visuales en sí mismas no son muy interesantes. (A veces, esta arquitectura se tacha pedantemente de aburrida.) La cuestión es, más bien, ¿cómo se ha desarrollado esta potente arquitectura, que ha tenido tanta influencia en la última década y que, al mismo tiempo, es tan distinta de lo que se está produciendo en otros lugares? Antes que recurrir a clichés sobre el carácter nacional, yo diría que la clave para comprender la arquitectura suiza es el desarrollo continuado de una tradición, algo que quizá la hace única en el mundo industrializado. Esta tradición se ha transformado en una clase propia de arquitectura moderna. Dejando a un lado el populismo romántico de la arquitectura de los chalets y las aldeas de montaña, la cultura del movimiento moderno está tan presente en Suiza que ni siquiera necesita que se articule, y mucho menos que se defienda. Es la cultura en la que operan todos y cada uno de los arquitectos, planificadores, diseñadores gráficos, clientes y constructores. Es la base indiscutible sobre la que se alza el medio ambiente construido. Suiza tardó en industrializarse, ya que las condiciones políticas necesarias no se crearon hasta que fue aprobada la constitución de 1848, pero entonces lo hizo con la eficiencia que caracteriza al país. Del mismo modo, también se incorporó tarde al movimiento moderno, pero lo hizo de forma entusiasta en 1924 en Basilea, con la formación del grupo izquierdista ABC por El Lissitzky y Mart Stam, que incluía a Emil Roth, Hans Schmidt, Hannes Meyer y Hans Wittwer. Este grupo pretendía que la arquitectura fuese reemplazada por el diseño, que abarcaría la planificación urbana, la tecnología de la construcción, la arquitectura y la misma organización de la vida cotidiana, y que el diseño se guiase por principios científicos. Sus ideas, demasiado estridentes para Suiza, fueron típicamente moderadas. Ésta es una característica nacional: todo puede negociarse. (En 1936, por ejemplo, los defensores de la tradición y los del movimiento moderno llegaron a firmar un documento comprometiéndose a apoyarse mutuamente.) Un buen ejemplo de un enfoque más flexible y menos ideológico es la influyente obra de Alfred Roth titulada La Nouvelle Architecture (1940), una antología que evita las cuestiones de ideología y construcción y se centra en edificios bien programados y de meticuloso detalle, dentro de una estética moderna sobria e incluso elegante. El esfuerzo por ser moderno y respetar al mismo tiempo las tradiciones e intereses regionales alcanzó fama internacional en las décadas de 1940 y 1950. El énfasis seguía poniéndose en la buena planificación y en la construcción de calidad, utilizando un vocabulario moderno moderado. Quizá resulte fácil ridiculizar este pragmatismo (periódicamente, los propios suizos se sienten demasiado poco implicados en los ataques de incontrolado idealismo que afectan al mundo desarrollado), pero ha demostrado ser decisivo para terminar con aquella tediosa disputa entre la vanguardia y la tradición. El péndulo osciló entre la amable modernidad del Sachliches Bauen y una variedad más estridente, pero ésta fue siempre convertida en algo suizo, donde los cambios de dirección exigen lograr un cuidadoso consenso y son siempre graduales. Esto ocurre en todas las esferas de la vida pública y, aunque puede resultar frustrante que las cosas tarden tanto en cambiar, la calidad que se consigue al final compensa la espera. El gran beneficio de una cultura como ésta, en lo que se refiere a la arquitectura, es que el ejercicio de la profesión puede avanzar basándose en lo que ha ocurrido previamente. Tal madurez significa que las cosas se hacen con una cierta humildad, por lo que hay muy pocos enfants terribles. Los arquitectos trabajan de acuerdo con los principios de la investigación arquitectónica y la "búsqueda paciente" propuestos por Le Corbusier. En un mundo cada vez más frenético, obsesionado por los medios de comunicación y la fama, estos rasgos son extraordinarios y hacen que la cultura arquitectónica esté, por lo tanto, muy desarrollada. Los comentarios y las críticas desde dentro de la disciplina, distinguen grandes diferencias entre los ejemplos del trabajo actual y los describen en términos muy complejos. Una de las muchas razones que han permitido esta búsqueda paciente es que las ciudades suizas no sufrieron la devastadora destrucción que afectó a muchas otras ciudades europeas durante la Segunda Guerra Mundial. Por este motivo, el país no tuvo que enfrentarse a la necesidad de reconstruir o de replantearse las cosas a escala global. Rotterdam tuvo que reconstruirse prácticamente por completo, al igual que gran parte de las ciudades británicas, belgas, francesas o de Europa del este, por poner sólo algunos ejemplos. Alemania no solamente tuvo que reconstruir sus ciudades, sino toda su cultura. La destrucción física y social que causó la guerra impulsó el proyecto moderno, como hizo más tarde la competitividad entre la visión comunista y capitalista del mundo y la abrumadora prosperidad de los países desarrollados. La confianza de la respuesta arquitectónica y urbanística ahora parece asombrosa. Una cierta propensión hacia la vanguardia hace que se vuelva regularmente, casi de forma nostálgica, a la gran idea, la gran forma, el paso audaz. Suiza, con su forma habitual de proceder, se mantuvo ligeramente al margen de estos cambios, pero sin rechazarlos; nunca se ha hecho borrón y cuenta nueva. Puede que cuente con menos obras maestras de la arquitectura de la posguerra que otros países europeos, pero tampoco tiene tantos errores espantosos. La idea fundamental de esta descripción, inevitablemente tosca, del movimiento moderno suizo es que la arquitectura contemporánea en Suiza se ha desarrollado dentro de una tradición moderna madura y de una cultura que ha permitido a los arquitectos dedicarse simplemente a construir. La arquitectura se entiende indiscutiblemente como construcción. El hecho de que esto no sea una tautología demuestra lo radicalmente que ha cambiado la profesión en otros lugares. En Suiza, se observaron y se consideraron las especulaciones teóricas de los últimos veinte años (historicismo, posestructuralismo, deconstructivismo y ahora la arquitectura blob), pero no se tomó parte en ellas de una forma teatral. Cuando los arquitectos que se incluyen en este libro estaban desarrollando su forma de trabajar, no miraban hacia Estados Unidos o Gran Bretaña, sino hacia España, Portugal e Italia, donde se estaba desarrollando discretamente una arquitectura en un lenguaje moderno para una época posmoderna. No estaban dando clases para mantener sus estudios, como hacían sus homólogos en muchos otros países, porque estaban demasiado ocupados presentándose a concursos y construyendo. El discurso teórico en Suiza nunca se aleja demasiado de la construcción, como tampoco lo hace la formación proporcionada por la escuela de arquitectura de Zúrich (Eidgenössische Technische Hochschule, ETH). (En el peor de los casos, la arquitectura avanza sin ningún principio que la guíe, y entonces se convierte en un mero conjunto de detalles cuidadosamente trabajados.) Podría incluso decirse que lo que importa no es la calidad de la idea, sino la calidad del objeto en sí. La tradición cultural suiza no se interesa por los intelectuales que están bajo sospecha de las grandes ideas. Los arquitectos que aparecen en este libro son conscientes de que trabajan al final de una cultura que espera que las cosas estén bien construidas y que todavía tiene los conocimientos de construcción necesarios para conseguirlo. Una gran parte de este trabajo es posible únicamente porque los arquitectos pueden construir cosas que en otros países ni siquiera se considerarían. Existe una sensación general entre los arquitectos suizos de que la profesión en Europa está siendo destruida lentamente por la influencia de los modelos estadounidenses, donde las posibilidades y oportunidades de los arquitectos son tan limitadas. Irónicamente, el papel central de la construcción se reafirmó más recientemente como resultado de los acontecimientos de 1968. En Suiza, al igual que en otros países, se cuestionó la relevancia social de la arquitectura, y la enseñanza de la misma comenzó a orientarse cada vez más hacia disciplinas como la sociología, la antropología y las ciencias conductistas y políticas. El júbilo inicial ante la idea de que el movimiento moderno podría enseñarse había dado paso a una pérdida total de la vitalidad de los sistemas y métodos de diseño. La propia arquitectura –espacio, lugar, tectónica– estaba siendo marginada, pero se reafirmó firmemente durante los dos años que Aldo Rossi estuvo como profesor invitado en la ETH de Zúrich, entre 1972 y 1974. Junto con jóvenes arquitectos del cantón de habla italiana de Ticino, él proponía que la arquitectura era en realidad una disciplina propia, con su propia historia, teoría, cometidos y valor. Esto era tan difícil de aceptar en aquel momento para sus compañeros profesores como emocionante para sus alumnos. A él se unieron principalmente Bruno Reichlin y Martin Steinmann, que reclamaban "el disfrute de la arquitectura". Puede que la expresión "la autonomía de la arquitectura" suene preocupantemente formal, pero en realidad situó la complejidad de la arquitectura en el corazón del drama humano. Gracias a la arraigada sensibilidad moderna, apenas dio lugar al pastiche historicista, e hizo que la arquitectura suiza se enfrentase a las complejidades de la historia y de la ciudad. [...] Agrupar a los arquitectos según su país de origen resulta práctico y, por supuesto, las obras presentadas en este libro tienen características comunes. Como trato de mostrar, los arquitectos son producto de una cultura moderna particular, que les proporciona espacio suficiente para ejercer su profesión. En general, tienen edades similares y son producto de épocas cercanas. La mayoría se formaron en la ETH de Zúrich, que representa mucho de la cultura típicamente suiza. Es una escuela muy selectiva, el plan de estudios es riguroso y tiene muy claros sus objetivos. Aún más importante, forma alumnos extremadamente capaces y no atiende a la sensibilidad individualista. Todo esto es verdad, pero este libro muestra que las cosas pueden no salir según lo previsto, con resultados interesantes y a veces asombrosos. Los suizos están imbuidos de discreción y humildad y rechazan la arrogancia y la vanidad, pero nada de esto indica una falta de ambición. Peter Zumthor, por ejemplo, ampliamente reconocido como uno de los mejores arquitectos del mundo, todavía vive y trabaja en una aldea de montaña en las afueras de la pequeña ciudad de Chur. Mientras Zumthor trabajaba discretamente y de forma constante en el diseño de magníficos edificios, Herzog & de Meuron saltaron a la fama internacional, y han tenido una gran influencia en el éxito público de la arquitectura suiza. Jacques Herzog y Pierre de Meuron se conocen desde la infancia, finalizaron juntos sus estudios en la ETH de Zúrich en 1976 y crearon su estudio dos años más tarde. Los otros socios, Harry Gugger y Christine Binswanger también crecieron en Suiza y estudiaron en la ETH. Aunque todos son producto de la cultura suiza descrita en esta introducción y su trabajo sólo podría haberse desarrollado dentro de ella, se sienten impacientes con la mayor parte de esa herencia. Su estilo, destreza, agilidad y talla los distinguen y los hicieron merecedores del Premio Pritzker en 2001. [...] La tradición de tolerancia de Suiza proviene, en parte, de su propia artificialidad como país. Es una confederación de 23 cantones (tres de los cuales están divididos en medios cantones), en la que el poder político está muy repartido. Las identidades regionales, entre ellas la arquitectónica, persisten con fuerza en su reducido territorio, pero su situación en una encrucijada geográfica ha hecho que Suiza siempre haya recibido influencias extranjeras y que esté relacionada tanto con el norte como con el sur de Europa. Existen cuatro lenguas oficiales, y el inglés se entiende en casi todas partes. Aunque es un país mayoritariamente protestante, una parte considerable de la población es católica y ambas religiones son oficiales. Existen diferencias en todos los sentidos, y la característica que lo define es que durante siglos ha prosperado gracias a esas diferencias. El trabajo que se recoge en este libro refleja esa característica típicamente Suiza, la tolerancia pragmática que surge de una confederación de cosas dispares. Incluso las dos semejanzas más obvias dejan abundante espacio para la diferencia: la relación con la reducción formal, la precisión material y el interés en la psicología Gestalt del arte minimalista y las posibilidades que aparecen cuando construcción y envolvente divergen. El consiguiente desarrollo de la piel muestra una sensibilidad moderna, empleando el trabajo artesanal de gran calidad que todavía existe en los oficios relacionados con la construcción; los objetos muy pocas veces se utilizan en su estado original. Sin embargo, las diferencias entre arquitectos son más interesantes que las semejanzas, y eso es lo que muestran los distintos capítulos. En los últimos treinta años, los cambios más acusados en la arquitectura se han producido como resultado del espectacular crecimiento e importancia de una industria de la cultura en el mundo desarrollado. El enorme número de publicaciones y el gran aumento de los valores de producción, la creciente sofisticación visual del público y la mayor movilidad, gracias a la UE y al descenso de los precios de los vuelos, han creado un mundo más pequeño y homogéneo, tal como se había predicho hace mucho tiempo. Como cabía esperar, Suiza se ha mantenido justo al margen de este paradigma, observándolo, absorbiéndolo y adaptándolo, construyendo tenazmente su propia clase de extraordinaria arquitectura. |
| Editorial | David N. Buck |
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| cubierta_descargable | /uploader/f4b271e2a141d14d560d9966b5dfaff2.jpg |
| Encuadernacion | Cartoné |
| Fecha de edición | 1 dic 2003 |
| Fecha de tirada | 1 dic 2003 |