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Portugal 2000-2005
La arquitectura ha sido uno de los índices culturales más optimistas de Portugal en las últimas décadas del siglo pasado, y se mantiene como uno de los signos más esperanzadores de su futuro. La irrupción en el panorama luso de Álvaro Siza y su descubrimiento por la crítica extranjera acabó induciendo una convención que se ha mantenido hasta ahora de plantear la producción arquitectónica del país atlántico polarizada entre la lírica de la llamada ‘Escuela de Oporto’ y el pragmatismo profesional de Lisboa. Pero la escena portuguesa de los años recientes ya no puede entenderse a partir de este binomio: la apertura de la sociedad en general y de los arquitectos en particular -a través de la creación de nuevas escuelas, del intercambio académico con el exterior y de la proliferación de revistas- ha inducido una ampliación de los parámetros de referencia que no excluye la tradición propia.
En este volumen se han recogido 25 obras de escalas y tipologías variadas, realizadas por arquitectos portugueses de distintas generaciones a lo largo del último lustro, las cuales, precedidas de un texto a cargo de Ana Vaz Milheiro, ofrecen un retrato arquitectónico 'abierto e inclusivo', en pleno proceso de transformación y consolidación hacia una nueva realidad mucho más plural. Comentada por Nuno Grande, la publicación de la Casa da Música de Oporto, realizada por el holandés Rem Koolhaas, funciona a modo de epílogo dialogante con los edificios portugueses.
Descripción técnica del libro:
La arquitectura ha sido uno de los índices culturales más optimistas de Portugal en las últimas décadas del siglo pasado, y se mantiene como uno de los signos más esperanzadores de su futuro. La irrupción en el panorama luso de Álvaro Siza y su descubrimiento por la crítica extranjera acabó induciendo una convención que se ha mantenido hasta ahora de plantear la producción arquitectónica del país atlántico polarizada entre la lírica de la llamada ‘Escuela de Oporto’ y el pragmatismo profesional de Lisboa. Pero la escena portuguesa de los años recientes ya no puede entenderse a partir de este binomio: la apertura de la sociedad en general y de los arquitectos en particular -a través de la creación de nuevas escuelas, del intercambio académico con el exterior y de la proliferación de revistas- ha inducido una ampliación de los parámetros de referencia que no excluye la tradición propia.
En este volumen se han recogido 25 obras de escalas y tipologías variadas, realizadas por arquitectos portugueses de distintas generaciones a lo largo del último lustro, las cuales, precedidas de un texto a cargo de Ana Vaz Milheiro, ofrecen un retrato arquitectónico 'abierto e inclusivo', en pleno proceso de transformación y consolidación hacia una nueva realidad mucho más plural. Comentada por Nuno Grande, la publicación de la Casa da Música de Oporto, realizada por el holandés Rem Koolhaas, funciona a modo de epílogo dialogante con los edificios portugueses.
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Índice de contenidos: Ana Vaz Milheiro Arquitectura portuguesa 2000-2005: una guía temporal 01. Aires Mateus Associados Acceso a la autopista, São Bartolomeu de Messines 02. ARX Portugal Centro Regional de Sangre, Oporto 03. as* atelier de santos Biblioteca Central de la Universidad de las Azores, Punta Delgada, San Miguel, Azores 04. Atelier 15 / Alexandre Alves Costa and Sergio Fernández Reordenación de la villa de Idanha-a-Velha, Beira Baixa 05. António Belém Lima / Arquitectos Pioledo Conservatorio Regional de Música, Vila Real 06. Pedro Maurício Borges Casa João Pacheco de Melo y Florinda Melo, San Vicente, San Miguel, Azores 07. Nuno Brandão Costa Casa en Afife, Viana do Castelo 08. Búgio Atelier Casa Ricardo Diogo, Ajuda, San Martinho, Funchal, Madeira 09. Gonçalo Byrne and Jõao Pedro Falcão de Campos Reordenación del entorno del Monasterio de Sta. María, Alcobaça 10. João Luís Carrilho da Graça Centro de control operativo de Brisa, Carcavelos, Oeiras 11. Contemporânea / Manuel Graça Dias and Egas José Vieira, Gonçalo Afonso Dias Teatro Azul, Almada 12. Paulo David Casa das Mudas-Centro de Arte de Calheta, Calheta, Madeira 13. Jorge Figueira Casa en Vila Marim, Vila Real 14. Paulo Gouveia Casa Godinho, Sintra 15. Cristina Guedes + Francisco Vieira de Campos Calém Bar, Vila Nova de Gaia 16. Inês Lobo and Pedro Domingos Anfiteatros de la Universidad de las Azores, Punta Delgada, San Miguel, Azores 17. João Mendes Ribeiro Casa en un pajar, Cortegaça, Mortágua 18. Pedro Pacheco and Marie Clément Museu de la Luz, Aldea de la Luz, Mourão 18. Promontório Renovación del centro comercial Dolce Vita, Miraflores, Oeiras 20. Manuel Salgado / Risco Área central de actividades mixtas y Estadio do Dragão en Antas, Oporto 21. José Paulo dos Santos Casa João, Antes 22. Álvaro Siza Conjunto residencial Terraços de Bragança, Lisboa 23. Eduardo Souto Moura Estadio Municipal, Braga 24. Luís Tavares Pereira and Guiomar Rosa / [A]. ainda arquitectura Casa en Louro, Vilanova de Famalicão 25. Manuel Vicente Piscina Municipal, Outurela-Portela +1. Nuno Grande Señales 'extrañas': La Casa de la Música de Koolhaas en la cultura urbana de Oporto |
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Texto de la introducción: 'Arquitectura portuguesa 2000-2005: una guía temporal por Ana Vaz Milheiro El futuro Con la Casa de la Música construida en Oporto, Rem Koolhaas sacude el centro neurálgico de la tradición arquitectónica portuguesa reciente, colocando un 'objeto alienígena' en la ciudad donde trabajan Fernando Távora, Álvaro Siza y Eduardo Souto de Moura. La Casa de la Música aporta un ingrediente 'internacional' que ya presagiaba la movilidad que ha caracterizado a las últimas generaciones de arquitectos. La arquitectura que se hace en Portugal llega de este modo al siglo XXI a través de un arquitecto extranjero y de una obra polémica; y cierra el siglo anterior con una obra portuguesa, el Estadio Municipal de Braga, obra de Souto de Moura, proyectado con motivo de la Eurocopa de fútbol celebrada durante el verano de 2004. A través del estadio culmina el sistema que Souto de Moura ha venido desarrollando desde la Casa de las Artes (Oporto, 1981-1991), una arquitectura 'neoplástica' de planos, superficies y líneas que ha creado escuela, y que en este caso se halla 'dramáticamente' ampliada. La sólida presencia que Souto de Moura ha mantenido en la arquitectura portuguesa es la que permite pensar que gran parte de ese futuro del que forma parte la Casa de la Música dependerá de la reinvención de su obra post-estadio. La tensión registrada entre estos dos edificios es, por tanto, una señal de que la arquitectura portuguesa se aproxima a un momento 'refundador'. Las obras y los autores presentados aquí dibujan el radio de esa curvatura, fruto de la coexistencia de las distintas densidades que componen el panorama portugués, abierto e inclusivo. Ese 'clima cultural' se pone de manifiesto a través de las pistas que van ofreciendo otros proyectos, especialmente los no construidos todavía, que señalan lo que 'podría suceder'. Al congregar las distintas sensibilidades, se ha optado por reunir más que por separar. No existe un 'patrón' en la arquitectura portuguesa. Pero el acierto respecto al futuro no reside en la 'fractura', sino en la capacidad de administrar una condición de permanencia: ajustar 'importaciones' plásticas y tecnológicas de forma que éstas adquieran, de acuerdo a las condiciones del país, una densidad suficientemente realista. A pesar de la integración en la Unión Europea en 1986, aquello que sigue impulsando la práctica profesional en Portugal es el espectro de la 'periferia', de las dificultades experimentadas dentro de la propia industria de la construcción civil y de la apertura parcial a las cuestiones centrales de la arquitectura por parte del poder político, especialmente si se interpreta en un sentido no generacional. Este proceso ha permitido guiar nuestra producción arquitectónica a través de la cultura internacional, modelando su carácter y haciéndola, simultáneamente, permeable a experiencias menos cercanas a su sensibilidad más evidente. La fuente lingŸística de la que procede la Casa de la Música empieza a hacerse presente de forma tardía a partir de finales de la década de 1990. Incluso en sus inicios, los movimientos en torno a Eisenman, Gehry o Koolhaas parecían ajenos a las preocupaciones de los portugueses. Situaciones de carácter más gráfico (pre-Eisenman), como la que ensaya Manuel Vicente en el bloque residencial de Chelas (Lisboa, 1972-1980), no llegaron a tener continuidad. En este barrio residencial de Lisboa donde se concentran experiencias anteriores a la Revolución de 1974 que señalan el abandono definitivo de la estética 'brutalista' de la década de 1960, el tiempo sigue midiéndose entre la urbanidad 'rossiana' característica de la 'Pantera Rosa' (Gonzalo Byrne/António Reis Cabrita, 1972) y la utopía 'neomoderna' de Vítor Figueiredo, monumentalizada en el conjunto 'Cinco Dedos' (1973). Mientras tanto, en Oporto, la Escuela profundiza en un programa gramatical con una fuerte carga ideológica muy ligada a la historia, consolidándose como 'el epicentro de la cultura arquitectónica portuguesa' de las décadas posteriores. Es necesario esperar a la fase posterior al tránsito posmoderno de la década de 1980, liderado por algunos arquitectos asentados en Lisboa (Luís Cunha, Tomás Taveira o Manuel Graça Dias), para que este acercamiento al formalismo 'desconstructivista' se concrete en un plano más experimental a través de arquitectos jóvenes que, de forma excepcional, realizan prácticas en el extranjero a finales la década de 1980. Surge en proyectos puntuales como los que propone el equipo ARX Portugal a partir de su primera casa de Melides (1990-1993). Entre la generación que sale de las universidades durante este periodo, el imaginario de ARX, encuadrado entre Libeskind/Eisenman y cierta 'vernacularidad portuguesa', representa una progresión solitaria en un panorama crecientemente marcado por presencias tutelares nacionales: en Lisboa, las de Byrne y João Luís Carrilho da Graça; en Oporto, a través de la 'Escuela' y de sus principales continuadores. La intensa exposición a los medios internacionales, determinada por las experiencias académicas y la proliferación de los medios de comunicación que recorre toda la década posterior, suaviza de forma controlada y progresiva el dominio lingŸístico de los profesionales portugueses sobre los nuevos arquitectos. Se percibe, de forma distinta, en obras como las desarrolladas por aquellos que forman parte de la misma generación que ARX, como Gonçalo Afonso Dias (residencias de estudiantes, Coimbra, 1998-2005); los formados inmediatamente después, como Nuno Grande/Pedro Gadanho (casa en Carreço, Viana do Castelo, 2000-2005) y Jorge Figueira (comedor en la Universidad de las Azores, Angra do Heroísmo, 2005); y los más jóvenes, que tienden a agruparse en torno a 'denominaciones colectivas', como por ejemplo el Atelier do Corvo o a.s* atelier de santos. Incluso entre estos arquitectos, el patrimonio cultural legado por las escuelas más importantes en las que siguen formándose -la Facultad de Arquitectura de la Universidad Técnica de Lisboa o la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Oporto- funciona como un capital acumulado que se exterioriza esencialmente en la comprensión de los límites tecnológicos y en un discurso (más o menos explícito) frente al contexto. Vuelven a aparecer las referencias a la memoria reciente del país: en el Museo Marítimo (êlhavo, 1997-2002), el dúo ARX cita poéticamente a Siza, acortando, una vez más, la distancia. Así, se concede la misma importancia a este capital que al aprendizaje en el extranjero, posibilitando una libertad de movimientos que coloca a esos arquitectos en un punto de articulación que aproxima su actitud a la de los colegas de generación que privilegian otras bases de contacto. En este caso estamos hablando de aquellos que, gravitando formalmente en un territorio más cercano a las raíces establecidas por la 'Escuela de Oporto', ensayan también esa hipótesis de confluencia: João Pedro Serõdio/Isabel Furtado (casa Bessa-Pérez, Miramar, 1994-2004), Cristina Guedes/Francisco Vieira de Campos (bar de la Ribeira de Gaia, 1999-2002), Pedro Pacheco o Nuno Brandão Costa (casa en Lourosa, 2001-2005). Como reflejo de la impronta dejada por Souto de Moura se adoptan tendencias que giran en torno al eje 'minimalista' de Herzog and de Meuron, en cuyo estudio de Basilea algunos de estos arquitectos realizan sus prácticas. Souto de Moura, tras haber influido en la trayectoria de João Álvaro Rocha (viviendas sociales, Vila Nova da Telha, 1996-2000) o de José Fernando Gonçalves (centro excursionista juvenil, Oliveira do Douro, 1998-2001), actúa como 'ancla' dentro de una concepción 'más local', es decir, de una cultura que cree ser capaz de continuar y desarrollarse dentro de un marco de auto-referencia basado en los fundamentos establecidos por la 'Escuela de Oporto'. De forma tentacular, el universo de la 'Escuela' sigue siendo visible a través de los resultados de los concursos públicos de ámbito nacional, que están abiertos a la participación de nuevos equipos. Es el caso de las convocatorias para el Museo de Arte Contemporáneo de Elvas (Pedro Reis, 2003), o la nueva sede de la Delegación Regional Norte de la Ordem dos Arquitectos (Rui Neto/Odete Pereira/Sérgio Silva, Oporto, 2004). Trabajando con preexistencias, parten de la mínima interferencia posible, calculando la fuerza de la intervención a partir de la plasticidad de los materiales introducidos en una pauta uniforme de raíz moderna. Dentro de ese método, en la transición a la escala del territorio, la arquitectura se transforma en mediadora 'silenciosa' entre el programa y el paisaje, reflexión que acompaña las propuestas ganadoras de dos concursos dedicados a emplazamientos arqueológicos y realizados a lo largo de 2004: el convocado para el Valle do Cõa (Tiago Lacerda Pimentel/Camilo Rebelo) y el del Valle do Ocreza (José Adrião). Encontramos indicios de esa comprensión de la relación entre la arquitectura y el paisaje en un proyecto construido en la década de 1990 por el Atelier Búgio, la Pousada da Quinta da Casa Branca (Funchal, 1994-1998). Existen nuevas señales, sin pruebas construidas, que comienzan a diluir el sentido de permanencia en trayectorias aun más recientes influidas también por el imaginario de OMA y reforzadas por el carácter experimental de las visiones sugeridas por MVRDV o West 8 (e-studio o SÕA Arquitectos, por ejemplo). Las creaciones archigram de Marcos Cruz realizadas junto a Marjan Colletti a partir del trabajo que ambos desarrollan en la escuela londinense Bartlett (complejo recreativo de Xiyuan, Pekín, 2004), resultan ya ajenas al panorama portugués. El pasado En el año de ingreso de Portugal en la UE, la enseñanza de la arquitectura se abre a la iniciativa privada en una progresión avasalladora que se va extendiendo geográficamente. De las escuelas tradicionales de Lisboa y Oporto salen los profesores que inician un ciclo nuevo, marcado por el interés creciente de la sociedad portuguesa en la arquitectura. Simultáneamente, las universidades públicas se adaptan a la lógica del crecimiento y la descentralización: Coimbra, Guimarães y Évora introducen nuevas licenciaturas, intentando construir una identidad. El modelo se ensaya en la más antigua de ellas, Coimbra, que en la fase inicial intenta combinar ambas tradiciones: la sensibilidad experimental, heredera de la mejor tradición lisboeta, y la metodología rigurosa que garantiza la cohesión de la 'Escuela de Oporto'. Se apuesta por el reconocimiento profesional de los docentes como medio para crear el carácter de una 'escuela' orientada hacia la práctica: de Oporto acuden Távora o Alexandre Alves Costa; de Lisboa, donde tienen su estudio, llegan Vítor Figueiredo, Raúl Hestnes Ferreira y Byrne. El proceso se desarrolla a lo largo de la década de 1990, en correspondencia con la culminación de las sucesivas crisis vividas por las escuelas tradicionales. En 1998, un grupo de estudiantes de Oporto pinta el mural '¿No existe romanticismo en esta escuela?', una provocación frente al discurso canónico, fuertemente ideologizado, que la constriñe. En Lisboa, los últimos profesores influyentes como Carrilho da Graça y Graça Dias son relegados a mediados de la década de 1990. Paralelamente, se generaliza el programa Erasmus, que asegura la movilidad de los estudiantes en la UE. Aumenta la demanda de prácticas académicas, pero también profesionales, fuera del país. Como respuesta a la proliferación de licenciaturas autorizadas por el gobierno, la Ordem dos Arquitectos, que sustituye en 1988 a la antigua Associação, ve reconocido el derecho de regular el acceso a la práctica profesional. Se esfuerza también por conseguir la derogación del Decreto-ley 73/73 que facilita el ejercicio profesional a no arquitectos, en una iniciativa legislativa inédita propuesta desde la sociedad civil y sin participación directa de los partidos políticos. El movimiento gana impulso a partir del Año Internacional de la Arquitectura, celebrado en 2003. En 2005, el número de miembros efectivos de la Ordem crece hasta la cifra de 11.911, mientras que el de los miembros en prácticas suma 1.577, un número igual al de los alumnos que cursan el último año de las cerca de veinte licenciaturas reconocidas. Sin embargo, la tendencia indica la estabilización de dichas cifras. Este panorama altera el perfil tradicional del arquitecto portugués. Las alteraciones reflejan evoluciones anteriores. Los profesionales que empiezan a trabajar durante la década de 1980 se enfrentan a la modernización reivindicada por el poder municipal, reforzado a partir de la Revolución de Abril. La utilización de los fondos comunitarios incide en un sentido progresista, ya que permite rescatar del atraso a las regiones del interior. A las obras de infraestructuras básicas, la construcción de autovías, se unen la llegada de instituciones públicas como las universidades o los equipamientos culturales y deportivos. El acceso a estos proyectos tiene lugar a través de la convocatoria de concursos, que decrece a finales de la década de 1990. En las ciudades de tamaño medio, los nuevos hábitos de consumo aceleran la aparición de grandes superficies comerciales. Pero los arquitectos que trabajan para los ayuntamientos rara vez tienen la oportunidad de realizar obras excepcionales como la Biblioteca José Saramago en Loures (Fernando Martins, 1997-2001) o la Praça da Liberdade de Almada (João Lucas Dias/Departamento de Obras Municipales CMA, 1990-2000). Una dinámica intervencionista singulariza la acción de ciertos gabinetes técnicos locales. Guimarães, bajo la dirección de Alexandra Gesta y contando con la asesoría de Távora (1983-1989), propone un ejercicio riguroso en operaciones quirúrgicas de conservación del patrimonio construido o de nueva pavimentación del centro histórico de la ciudad, concepto que estructura también el trabajo de Miguel Figueira en el GTL de Montemor-o-Velho (1999-2002). La reordenación de estos centros urbanos neurálgicos deja en evidencia las áreas periféricas que los rodean y en las que, de forma paradójica, 'la pobreza territorial no es sinónimo de la pobreza de sus habitantes'. El mercado inmobiliario que actúa en ellas sigue siendo reacio a solicitar proyectos de calidad. Esporádicamente, algunas empresas ligadas al sector invierten esta tendencia. En Madeira, una relación pionera permite la construcción de una serie de complejos residenciales promovidos por una única empresa; se trata de los Edificios K, en cuyo proyecto participan Rui Campos Matos/Vasco Cardoso Marques o Luís Vilhena (K6, Funchal, 2004-2006). En una experiencia idéntica, Graça Dias/Egas José Vieira construyen en Guimarães el conjunto Salgueiral-Sul (1998-2000). Basando sus proyectos en una imagen de integridad constructiva, Alcino Soutinho (Quinta das Sedas, Matosinhos, 2000-2003) y el grupo Promontório Arquitectos (Bloque Carnide, Lisboa, 1992-2002), consiguen elevar los patrones habituales en las importantes zonas metropolitanas donde actúan. La instalación de arquitectos en las regiones periféricas que tiene lugar en esos momentos no impide la falta de calidad general de las edificaciones nuevas que transforman la cara del país. Una situación que, como escribió João Rodeia en el número 20 de 2G, dedicado a la nueva generación portuguesa, 'refleja también la incapacidad de regular la organización espacial del territorio, además del impacto abrumador y el ritmo imparable de la industria de la construcción civil en el contexto socioeconómico' portugués. En esta diáspora, el caso de António Belém Lima resulta paradigmático: formado en Lisboa, regresa a Vila Real y funda el estudio Pioledo (1981), una novedad dentro del panorama de la región de Trás-os-Montes, que actualmente se resume en edificios con un pronunciado carácter público (Biblioteca Municipal, Vila Real, 1998-2005). También durante la década de 1980, Paulo Gouveia empieza a construir en las islas Azores, desarrollando una arquitectura personal que no pretende crear 'tendencia'. Desde Lisboa, donde funda junto a Egas José Vieira el estudio Contempor‰nea (1990), Manuel Graça Dias mantiene lazos de unión privilegiados con la ciudad de Chaves desde finales de la década de 1970. Carrilho da Graça prueba en el paisaje del Alentejo los principios plásticos 'modernos' que están en la base de su arquitectura, actualmente en una fase de internacionalización (casa Albani en San Diego, California, 2005). Estos arquitectos que emergen en el contexto posmoderno resultan determinantes para la evolución de la arquitectura portuguesa. La sofisticación de Carrilho da Graça, que traduce una 'curiosidad sin drama' por la elegancia técnica, encuentra eco en los proyectos de Ins Lobo (Facultad de Ciencias del Deporte, Coimbra, 2004), de Pedro Domingos o de Flavio Barbini/ Maria João Silva (sede Scout, Carcavelos, 2005). Se perciben con facilidad genealogías muy particulares. El gusto collage característico de Manuel Vicente, presente en sus principales proyectos de Macao, se aprecia también en las obras del joven estudio de Cristina Veríssimo/Diogo Burnay (Cine-Teatro de Cartaxo, 2002-2005). El principio de contextualidad, que Byrne refuerza en la Sede del Gobierno Flamenco de Brabante (Lovaina, 1998-2004), contagia a sus antiguos colaboradores, que toman el camino de 'una práctica de continuidad, que valora (...) la experiencia consolidada.'. Los hermanos Manuel y Francisco Aires Mateus le aportan densidad artística (casa en Azeitão, 2000-2003). João Pedro Falcão de Campos se sumerge en ese rigor contextualizador añadiéndole una serena plasticidad 'vernácula'. Telmo Cruz/Pedro Soares/Maximina Almeida analizan los recursos tipológicos (Mercado de la Comenda, Gavião, 2000-2005). Paulo David profundiza en el sentido telúrico (casa Augusto en Funchal, 2000). Durante una segunda etapa favorable a la autonomía municipal se crean las condiciones políticas y económicas para la concreción de los planes urbanísticos, algunos ya iniciados, a través del Programa Polis, creado en 1999. Incluye treinta ciudades y cerca de ochenta proyectos que se benefician del llamado 'efecto Expo 98', la exposición internacional organizada en Lisboa. Se defienden las grandes intervenciones que puedan 'funcionar como elementos desencadenantes de una nueva conciencia y vida ciudadana.' Aplicados en diferentes contextos urbanos, los Polis están dominados por el modelo ambientalista. Entre aquellos que actúan sobre los centros históricos y las zonas de ribera en fase de reconversión destacan los tres planes de Viana do Castelo, que abarcan perímetros limitados y que son obra de Quaternaire Portugal/Rui Mealha (2000), Manuel Fernandes de Sá (2001) y Adalberto Dias (2002). La preocupación por 'recomponer las periferias', en crecimiento caótico desde 1974, se ve reflejada en la propuesta de Risco/Manuel Salgado para el área central de Cacém (1998-2002), ciudad satélite de Lisboa. En la Beira interior, Nuno Teotónio Pereira y el paisajista Luís Cabral utilizan la recuperación de las antiguas estructuras industriales de Covilhã para 'allanar' la ciudad, contradiciendo su morfología accidentada mediante la introducción de puentes proyectados por Carrilho da Graça. En el ámbito de la intervención en el patrimonio promovida con motivo de la celebración de las Capitales Nacionales de la Cultura, Oporto 2001 invierte en 'políticas de permanencia frente a las vacuidades de lo efímero.' La consolidación urbana de la Baixa es una apuesta decidida que conduce a proyectos como el realizado para la plaza de D. João I (Alexandre Alves Costa/Sergio Fernández). En Coimbra 2003, el debate sobre el patrimonio puede encuadrarse entre la intervención escrupulosa en el Patio de la Inquisición a cargo de João Mendes Ribeiro (Centro de Artes Visuales, 1997-2003), que se inaugura ese año, y la ironía de Pedro Bandeira en la propuesta para la rehabilitación de la Rua da Sofia. La marca más significativa que deja la programación de Coimbra 2003 está todavía representada por la reflexión en torno a la introducción de la red de metro propuesta por el seminario internacional 'Inserciones', que amplía el debate a la ciudad. Se trata de fenómenos que aceleran la 'democratización' de la arquitectura y que la crítica especializada apoya a través de los principales periódicos. Graça Dias, José Manuel Fernandes, Jorge Figueira y Ricardo Carvalho se encuentran entre los críticos más activos. Algunos arquitectos se comprometen con la divulgación editorial, como es el caso de la pareja formada por Fátima Fernandes y Michele Cannatˆ. Actualmente, este equipo está desarrollando también proyectos y prototipos residenciales. Ambiciosas exposiciones muestran al público extranjero la producción portuguesa de ese periodo. En la última Bienal de Venecia, Pedro Gadanho y Luís Tavares Pereira montan 'Metaflux', dando voz a la 'primera influencia concreta (...) de movimientos culturales de la identidad europea', y reincidiendo en la vieja tónica moderna de 'ruptura' generacional. Otra perspectiva, de carácter más incluyente, sugiere, en Milán, la selección de Victor Mestre dentro de la muestra 'Portugal Arquitectura y Diseño 1994-2004'. Pero es una exposición panorámica de 1997, destinada al Museo de Arquitectura de Francfort y con Ana Tost›es como comisaria, donde se lleva a cabo el primer gran itinerario por el siglo XX portugués, permitiendo su progresiva introducción en la enseñanza precisamente en el momento en el que los futuros arquitectos se encuentran más expuestos a las experiencias internacionales. El presente Álvaro Siza atraviesa la arquitectura portuguesa de la última mitad del siglo XX trazando una línea oblicua y, además, reconciliándola consigo misma. Por el camino va introduciendo factores desestabilizadores, lo que permite reformular sus convicciones: comienza cuestionando el discurso literal del emplazamiento, supera el pudor que inhibe a la arquitectura portuguesa de ser plástica y, en último lugar, ofrece una solución al determinismo moderno que constituye su raíz más visceral. La desconstrucción aparente que realiza en cada nueva obra es un dato desconcertante y 'su coraje tiene muchas veces el sabor de la provocación.' Siza pertenece a la arquitectura portuguesa sin pertenecerle, anulando 'lo sublime de nuestro imaginario (...), obligándonos a penetrar en el espacio sin fronteras del imaginario universal.' Con una sensibilidad calibrada para la precisión, Siza 'es más holandés que los holandeses'; más suizo que los suizos (casa van Middelen-Dupont en Bélgica, 1997-2003). Ahora, en Porto Alegre, Brasil, convoca toda la fuerza brutalista del Edificio SESC Pompéia de Lina Bo Bardi (São Paulo, 1977), suprimiendo una vez más los límites alegóricos de las nacionalidades y las historias locales (Fundación Iber Camargo, 1998-2005). En activo desde 1954 (cuatro casas en Matosinhos), Siza y su obra han ejercido una fascinación muy especial, alimentando una antorcha de afinidades cuya consecuencia inmediata fue revelar una formalidad inimitable y una metodología demasiado personal. El resultado se revela como un desafío para la siguiente generación que provoca dos actitudes extremas: la reacción, con los resultados visibles en la obra de Souto de Moura; o la negación, de la que asimismo surgen trayectorias sobresalientes como la de José Paulo dos Santos. Pero existen continuidades que se vuelven a visitar cíclicamente. La fuente inagotable que representa el detalle 'siziano' se refleja en las obras de Adalberto Dias (Tribunal Comarcal, São João da Madeira, 1996-2001), y su potencial artesanal, en las de Manuel Botelho (casa Maia Ribeiro, Castlo da Maia, 1994-2001). La escala intimista de las primeras obras le permite profundizar en una vena expresionista en tensión con la 'ancestralidad' de Távora, cuya síntesis es abierta de nuevo por arquitectos como Pedro Maurício Borges. El recurso a los espacios 'encubiertos' en la historia de la arquitectura libera la imaginación de autores como Bernardo Rodrigues (Capilla de la Luz Eterna, Ponta da Garça, Vila Franca do Campo, Azores, 2003-2005). La posición de Siza dentro de la arquitectura contemporánea puede interpretarse a partir de la relación que establece actualmente con su propio pasado y que ilustran dos antiguos proyectos para Oporto retomados a principios de este siglo: el conjunto residencial de Bouça (1973-1977) y la reordenación de la Avenida da Ponte (1968). En ellos se encuentra presente su impronta paradójica. La historia de Bouça es la de un proyecto inacabado. Pasó del periodo marcelista* al de las Operaciones SAAL (Serviço Ambulatorio de Apóio Local), el programa que Nuno Portas crea en 1974 y que inaugura en el país el diálogo con las asociaciones de vecinos. Al alterarse los objetivos iniciales de realojamiento que obligaron a introducir nuevos datos programáticos, Siza se mantiene fiel en 2005 a la gramática 'moderna' inicial. Actúa frente al proyecto como si se tratase de una acto de 'restauración'. Con el segundo Plan de la Avenida da Ponte (2000), renuncia a la racionalidad de la tabula rasa 'moderna' que guiaba el proyecto de 1968 y crea una 'complementariedad entre el monumento, el tejido urbano y los testimonios de distintas épocas como condición esencial de preservación.' Al proponerlo, rehace las relaciones de esta área, anteriores a las demoliciones de la década de 1940, siguiendo el objetivo marcado en ese emplazamiento por la Casa dos 24 de Távora (1995-2002), 'piedra fundadora' del nuevo proyecto. Colocando el pensamiento de Távora como pieza central de nuestro presente, Siza rompe el determinismo moderno y abre un nuevo lapso temporal, dejándolo todo en abierto.' |
| Editorial | David N. Buck |
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| Encuadernacion | Rústica |
| Fecha de edición | 1 oct 2005 |
| Fecha de tirada | 1 oct 2005 |