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Pintura y vida cotidiana en el Renacimiento
Este ensayo surgió de unas conferencias pronunciadas en la Escuela de Historia de la Universidad de Londres. Las conferencias pretendían mostrar que el estilo de las imágenes visuales constituye un material adecuado para el estudio de la historia social. Los hechos sociales conducen al desarrollo de ciertos hábitos y mecanismos visuales distintivos; y estos hábitos y mecanismos visuales se convierten en elementos identificables en el estilo del pintor. Esta es la misma tesis que subyace en este libro. Por tanto, está dirigido a personas interesadas en el Renacimiento en general más que sólo en la pintura.
Descripción técnica del libro:
15 x 21 cm
204 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425218231
Rústica
2000
Este ensayo surgió de unas conferencias pronunciadas en la Escuela de Historia de la Universidad de Londres. Las conferencias pretendían mostrar que el estilo de las imágenes visuales constituye un material adecuado para el estudio de la historia social. Los hechos sociales conducen al desarrollo de ciertos hábitos y mecanismos visuales distintivos; y estos hábitos y mecanismos visuales se convierten en elementos identificables en el estilo del pintor. Esta es la misma tesis que subyace en este libro. Por tanto, está dirigido a personas interesadas en el Renacimiento en general más que sólo en la pintura.
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El primer capítulo examina la estructura del comercio de pintura en el siglo XV -a través de contratos, cartas y cuentas- para descubrir la base económica del culto a la habilidad pictórica.
El segundo capítulo explica cómo los hábitos visuales fruto de la vida cotidiana de una sociedad se convierten en parte determinante del estilo del pintor, y proporciona ejemplos de esos hábitos visuales populares que vinculan a los cuadros con la vida social, religiosa y comercial de la época. Esto supone relacionar el estilo pictórico con la experiencia de actividades tales como la predicación, la danza y el arte de aforar la capacidad de un tonel. El tercer capítulo reúne un conjunto de conceptos básicos procedentes de textos del siglo XV en que se comentan cuadros coetáneos: examina e ilustra dieciséis conceptos usados por el mejor crítico lego del período, Cristoforo Landino, en su descripción de Masaccio, Filippo Lippi, Andrea del Castagno y Fra Angelico. El libro termina señalando que el campo de la historia social y el de la historia del arte constituyen un continuum, de tal manera que cada una de estas disciplinas ofrece elementos necesarios para una comprensión adecuada de la otra. "El presente libro constituye un estudio paradigmático, no sólo para quienes se encuentren interesados en la vida social del Renacimiento italiano, sino, de modo más general, para quienes estén interesados en los fenómenos de la cultura como fenómenos semióticos, o en la historia como núcleo de la conciencia social. No es sino lógico y natural que un estudio que resulta paradigmático para esta problemática tenga precisamente como objeto el caso del Renacimiento italiano." -dice Tomàs Llorens en su prólogo. Introducción: Un cuadro del siglo XV es el depósito de una relación social. De un lado estaba un pintor que realizaba un cuadro, o por lo menos supervisaba su realización. Del otro lado había alguien que le había pedido que lo hiciera, había aportado fondos para ello y, una vez hecho, calculaba utilizarlo de una u otra manera. Ambas partes funcionaban dentro de instituciones y convenciones -comerciales, religiosas, perceptuales y, en el más amplio sentido, sociales- que eran diferentes de las nuestras e influían en las formas de lo que estas partes hacían juntas. El hombre que pedía el cuadro, pagaba por él y encontraba un uso para él podría ser llamado el patrón, si no fuera porque éste es un término que trae ecos de otras y muy diferentes situaciones. Este socio es un agente activo, determinante y no necesariamente benevolente en una transacción cuyo resultado es el cuadro: podemos llamarlo correctamente un cliente. La mejor pintura del siglo XV fue hecha sobre la base de un encargo, en la que el cliente solicitaba una manufactura hecha de acuerdo con sus especificaciones. Los cuadros hechos sin pedido previo se limitaban a cosas tales como vulgares Madonnas y arcas de casamiento, realizados por los artistas menos buscados en los períodos flojos; las piezas de altar y los frescos que más nos interesan fueron hechos a pedido, y el cliente y el artista llegaban comúnmente a un acuerdo legal en el que el segundo se comprometía a entregar lo que el primero había especificado con mayor o menor detalle. El cliente pagaba por el trabajo, entonces como ahora, pero entregaba sus fondos a la manera del siglo XV y esto podía afectar a la naturaleza de los cuadros. Con relación a la cual el cuadro en depósito era entre otras cosas una relación comercial, y algunas de las prácticas económicas de la época están corporeizadas muy concretamente en los cuadros. El dinero es muy importante en la historia del arte. Actúa en pintura no sólo en cuanto a un cliente que desea gastar dinero en una obra, sino en cuanto a los detalles de cómo lo entrega. Un cliente como Borso d'Este, Duque de Ferrara, que hacía cuestión de principio pagar sus pinturas por pie cuadrado -por los frescos en el Palazzo Schifanoia la tarifa de Borso era de diez lire boloñesas por pede cuadrado- conseguirá, generalmente una clase distinta de pintura que la de un hombre comercialmente más refinado como el comerciante florentino Giovanni de Bardi, que paga al pintor por sus materiales y su tiempo. Las formas del siglo XV para la estimación de costos, y los pagos diferenciales del siglo XV para los maestros y los jornaleros, están profundamente involucrados por igual en el estilo de los cuadros tal como ahora los vemos: los cuadros son, entre otras cosas, fósiles de la vida económica. Extracto de la introducción de Michael Baxandall. |
| Editorial | David N. Buck |
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| Encuadernacion | Rústica |
| Fecha de edición | 1 may 2000 |
| Fecha de tirada | 1 may 2000 |
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