Nueva vivienda urbana

El proyecto de vivienda plurifamiliar empezó a ser tomado en consideración a finales del siglo XIX y principios del XX, como resultado del crecimiento de las ciudades y los cambios sociales. Las ideas planteadas por los arquitectos del movimiento moderno, acuciados por la necesidad de proporcionar alojamientos lo más rápido y eficazmente posible, han constituido la base de los proyectos de vivienda colectiva en todo el mundo durante muchas décadas. Actualmente, a la luz de un contexto urbano y económico muy distinto, los arquitectos están revisando aquellas propuestas del movimiento moderno, con el fin de desarrollar nuevas tipologías, más acordes con las necesidades contemporáneas.

Nueva vivienda urbana expone críticamente en su introducción la historia del desarrollo de la vivienda plurifamiliar como tipo residencial urbano y a continuación presenta 36 ejemplos recientes de vivienda colectiva de todo el mundo, agrupados según su planteamiento urbano: viviendas en hilera, manzanas y bloques con patio, bloques de colmatación urbana y torres y bloques aislados. Cada uno de los proyectos se presenta profusamente ilustrado con planos y fotografías que permiten entender el edificio en su entorno.

Descripción técnica del libro:

23 x 28 cm
192 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425221064
Rústica
2006
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El proyecto de vivienda plurifamiliar empezó a ser tomado en consideración a finales del siglo XIX y principios del XX, como resultado del crecimiento de las ciudades y los cambios sociales. Las ideas planteadas por los arquitectos del movimiento moderno, acuciados por la necesidad de proporcionar alojamientos lo más rápido y eficazmente posible, han constituido la base de los proyectos de vivienda colectiva en todo el mundo durante muchas décadas. Actualmente, a la luz de un contexto urbano y económico muy distinto, los arquitectos están revisando aquellas propuestas del movimiento moderno, con el fin de desarrollar nuevas tipologías, más acordes con las necesidades contemporáneas.

Nueva vivienda urbana expone críticamente en su introducción la historia del desarrollo de la vivienda plurifamiliar como tipo residencial urbano y a continuación presenta 36 ejemplos recientes de vivienda colectiva de todo el mundo, agrupados según su planteamiento urbano: viviendas en hilera, manzanas y bloques con patio, bloques de colmatación urbana y torres y bloques aislados. Cada uno de los proyectos se presenta profusamente ilustrado con planos y fotografías que permiten entender el edificio en su entorno.


Índice de contenidos:

Introducción
Capítulo 1. Viviendas en hilera
         
Conjunto residencial Schießstätte (Graz, Austria), Szyszkowitz•Kowalski
         
Urbanización residencial de alta densidad (Biesdorf Sur, Berlín, Alemania), Léon Wohlhage Wernik Architekten
         
Nieuw Terbregge (Rotterdam, Países Bajos), Mecanoo
         
Bloque residencial 68 x 16 (Liubliana, Eslovenia), Ofis arhitekti
         
Viviendas en hilera In-between (Londres, Reino Unido), Annalie Riches, Silvia Ullmayer, Barti Gariboldo
         
Grupo residencial Stuivesantplein (Tilburg, Países Bajos), Erick van Egeraat
         
Viviendas en Yoakum Street (Houston, Texas, EE UU), Wittenberg Oberholzer Architects
         
Viviendas a orillas del lago Gooi (Huizen, Países Bajos), Neutelings Riedijk
Capítulo 2. Manzanas y bloques con patio
         
Barrio estudiantil Westfield (Queen Mary College, Londres, Reino Unido), Feilden Clegg Bradley Architects
         
La Maquinista (Barcelona, España), Josep Lluís Mateo–MAP Arquitectos
         
High Cross Road (Londres, Reino Unido), Walter Menteth Architects
         
Viviendas para jóvenes (Leipzig, Alemania), HPP Hentrich-Petschnigg & Partner
         
Edificio de viviendas y oficinas (Wimbergergasse, Viena, Austria), Delugan_Meissl Associated Architects
         
Viviendas Mondrian (Sydney, Australia
Stanisic Associates Architects
         
Viviendas para estudiantes, familias y ancianos (Ingolstadt, Alemania), meck architekten
         
Viviendas en Harold Way (Hollywood, California, EE UU), KoningEizenbergArchitecture
         
Barrio Donnybrook (Londres, Reino Unido), Peter Barber Architects
Capítulo 3. Bloques de colmatación urbana
         
Estradenhaus (Berlín, Alemania), popp.planungen
         
Edificio de viviendas en la rue Pelleport (París, Francia), Frédéric Borel
         
Edificio de viviendas en Alfonso Reyes, 58 (Ciudad de México, México), Dellekamp Arquitectos
         
Simmons Hall, MIT (Cambridge, Massachusetts, EE UU), Steven Holl Architects
         
Lofts Yerba Buena (San Francisco, California, EE UU), Stanley Saitowitz Office
         
Bloque de viviendas en Auwiesen (Winterthur, Suiza), Kreis Schaad Schaad
         
Edificio residencial D (Venecia, Italia), Cino Zucchi Architetti
         
Edificio de viviendas Gasómetro B (Viena, Austria), Coop Himmelb(l)au
         
Shinonome Canal Court, Bloque 1 (Koto-ku, Tokio, Japón), Riken Yamamoto y Field Shop
         
Schots 1 + 2 (Groningen, Países Bajos), S333 Architecture + Urbanism
Capítulo 4. Torres y bloques aislados
         
173 Perry Street / 165 Charles Street (Nueva York, EE UU), Richard Meier
         
Contemporaine (Chicago, Illinois, EE UU), Perkins + Will
         
Torre de viviendas (Theresienhöhe, Múnich, Alemania), Steidle + Partner
         
Torre Flor (París, Francia), Edouard François
         
Viviendas (Maia, Oporto, Portugal), Eduardo Souto de Moura
         
Viviendas Macquarie Street (Aurora Place, Sydney, Australia), Renzo Piano Building Workshop
         
Viviendas sociales (Lakua, Vitoria, España), Ercilla y Campo Arquitectura
         
Viviendas Kitagata, bloque Sejima (Motosu-gun, prefectura de Gifu, Japón), Kazuyo Sejima & Ryue Nishizawa/SANAA
         
Edificio Mirador (Sanchinarro, Madrid, España), MVRDV + Blanca Lleó
Notas de la introducción/
Bibliografía

Créditos de los proyectos
Agradecimientos
Índice onomástico
Créditos fotográficos


Extractos de la introducción:

‘Introducción

(…) Históricamente, el proyecto de vivienda colectiva urbana -complejo por naturaleza, y en particular, el del bloque residencial- se ha relacionado con el de viviendas para pobres. Cualquier estudio detallado sobre proyectos de vivienda debe tener en cuenta las cuestiones socioeconómicas, que son cruciales durante las fases del proyecto y la construcción. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, estos aspectos han perdido relevancia, a medida que han ido cambiando los mecanismos de financiación, los programas de subsidio y los sistemas políticos. A modo de introducción a varios ejemplos recientes que han supuesto una contribución en aspectos diferentes del proyecto de viviendas, este ensayo intenta proporcionar una perspectiva amplia sobre la historia, relativamente breve, del bloque residencial e ideas afines en la arquitectura de la vivienda urbana.

Los primeros años

A principios del siglo XIX, como consecuencia de la rápida industrialización y del crecimiento espectacular de la población, Londres sufrió problemas importantes a causa de la falta de viviendas adecuadas. La clase obrera vivía en unas condiciones extremas de hacinamiento, en edificios de mala construcción, carentes de iluminación y de ventilación adecuadas, con instalaciones sanitarias insuficientes o sin ellas. Las familias más acomodadas se trasladaron a las afueras de la ciudad en crecimiento, pero esta solución no estaba ni mucho menos al alcance de todo el mundo. Dicho llanamente, la respuesta al problema de la falta de vivienda fue la de construir más y con mayor densidad. La edificación de casas adosadas en hilera estaba en manos de los especuladores privados y las empresas constructoras, que, por lo general, se limitaban a repetir modelos conocidos o variantes de plantas típicas. Análogamente, en los primeros tiempos de los edificios de pisos de alquiler y los bloques de viviendas, los arquitectos rara vez fueron involucrados en estos temas. Los precios del suelo eran altos y para los promotores, deseosos de rentabilizar al máximo su inversión, contratar a un arquitecto -cuyo proyecto seguramente exigiría mejorar la construcción, las instalaciones sanitarias y la organización general de la planta- significaba un incremento en los costes de la construcción. La provisión de viviendas de buena calidad a un precio de alquiler bajo no se consideraba como una cuestión arquitectónica, sino como un factor más de un conjunto más complejo de aspectos infraestructurales, tales como sistemas de saneamiento, planificación del transporte y diversos aspectos sociales y económicos, que, juntos, constituyen una visión global del proyecto. (…)

Al otro lado del Atlántico, en los albores del siglo XIX, las distribuciones de la vivienda en Nueva York eran similares a las de otras ciudades portuarias, tales como Londres o las holandesas. Los artesanos y pequeños comerciantes ocupaban edificios individuales del tamaño adecuado para sus actividades comerciales y para alojar a sus familias, aprendices y sirvientes. A medida que esas zonas se densificaban y se hacían más ruidosas y mugrientas, los más adinerados aspiraban a construir sus casas, separando el trabajo de su entorno doméstico y de ocio. Década tras década, se fueron desplazando hacia el Norte, edificando sobre terrenos vacíos, alejados de las áreas portuarias del sur de la isla de Manhattan. Las casas que abandonaban se subdividían y alquilaban a los más pobres y a los nuevos inmigrantes. Los promotores construían casas en hilera, parecidas a las de Londres, ya fuese en forma de edificios de vivienda plurifamiliar o de casas de vecindad para las clases más desfavorecidas, que podían alquilarse a más de una familia. En Manhattan, particularmente, la presión demográfica y la alta demanda de suelo dispararon los precios. Para las clases medias nacientes, que no estaban dispuestas a vivir con sus familias en el ambiente de los bloques de pisos, pero que tampoco podían permitirse el lujo de vivir en casas en hilera, la única opción viable era desplazarse a las afueras. Esta alternativa acabaría por generar un nuevo tipo de bloque de viviendas construido para satisfacer esa necesidad.

Aunque las familias más ricas seguían aspirando a vivir en una casa, la característica casa en hilera de Nueva York no siempre era la más confortable. De hecho, no resultaba nada fácil mejorarla y obtener más espacio vital dentro de los límites de un solar tipo.5 Las convenciones sociales dictaban que la planta baja se usara para ‘recibir’, pero, con el salón ubicado junto al vestíbulo de entrada, a menudo resultaba muy estrecha. Como en cualquier casa en hilera, el aumento de la profundidad de lo edificado reducía la luz natural, que penetraba únicamente por la fachada y por el patio trasero o los patios de luces. Los sirvientes que trabajaban en el sótano y vivían en el ático empleaban mucho tiempo en subir y bajar escaleras, por lo que la adición de nuevas plantas no hacía sino agravar el problema. Los bloques de viviendas parecían, pues, la respuesta adecuada. Sin embargo, como la gente los asociaba con los pobres, resultaba difícil convencer a las clases pudientes de que vivir en pisos era una opción aceptable.

Arquitectos y promotores inmobiliarios buscaron la inspiración en Francia. Además de su cultura de vivir en edificios de vivienda plurifamiliar, las ciudades francesas -especialmente París- ofrecían un modelo de vida urbana denso y mixto. No en vano, Richard Morris Hunt -el arquitecto que suele considerarse autor del primer edificio de viviendas de Nueva York destinado a residencia de la clase media- había crecido en París y estudiado en la École des Beaux Arts. El edificio de viviendas que proyectó, el Stuyvesant, en East 18th Street, se construyó en 1869. Se componía de cuatro viviendas por planta, organizadas en dos parejas idénticas en torno a dos entradas y patios de luces. En Real Estate Record se publicaron informes que explicaban el éxito financiero de este y otros proyectos similares. Lo de las ganancias elevadas se traduciría en que, en muy pocos años, los promotores se acabaron convenciendo de que el bloque de viviendas era un modelo aceptable.

A los nuevos edificios residenciales de viviendas, establecidos como tipo en 1875,6 se les llamó french flats (pisos franceses), para expresar su naturaleza autosuficiente y para distinguirlos de las viviendas para muchas familias y de las casas de vecindad. Pero, a pesar del entusiasmo de los promotores inmobiliarios, el nuevo tipo no fue aceptado inmediatamente por los inquilinos potenciales. Comparado con el estilo de vida americano, el francés -que incluía las terrazas de los cafés al aire libre- era mucho más público, siempre expuesto a la mirada atenta de la portera. En una vivienda con todas las dependencias en la misma planta, la separación entre los espacios privados, que eran los dormitorios, y los públicos, en los que se recibía a los invitados, era más difícil de conseguir. La planta francesa típica, con habitaciones comunicadas entre sí directamente, ofendía la noción americana de privacidad. También había ciertas reticencias a que las salas de estar se orientaran únicamente hacia la calle, y también a ‘vivir encima de la tienda’, lo que disuadió a muchos de incluir espacios comerciales al nivel de la calle.

Las primeras versiones de ‘edificios de pisos franceses’ tenían cinco o seis plantas de altura y seguían el mismo modelo de parcela individual de las casas en hilera. Aparte de unas pocas habitaciones públicas bien proporcionadas e iluminadas, que daban a la fachada principal, a menudo sólo tenían habitaciones oscuras y pequeñas situadas en las profundidades de la planta, patios de luces angostos y húmedos, y pasillos largos y lúgubres. Pero, a medida que los promotores inmobiliarios fueron tomando confianza, empezaron a apreciar las ventajas de emplear varias parcelas para una misma promoción y se aventuraron a abordar proyectos más ambiciosos de edificios de viviendas, aún mayores. El edificio Vancorlear, en la Séptima avenida, proyectado por Henry Janeway Hardenbergh en 1880, fue uno de los primeros en ocupar la manzana completa, una opción que pronto sería común. Comparados con los inconvenientes de las casas en hilera, en particular el de la falta de una iluminación natural adecuada, los nuevos grandes bloques de viviendas con patios ofrecían a los inquilinos adinerados más espacio y luz, y -debido a su mayor altura- también unas vistas espectaculares. La cubierta, que al principio sólo se utilizaba para albergar las cisternas de agua y los cuartos de máquinas de los ascensores, con el tiempo pasó a formar parte de las buscadísimas viviendas en el ático, incorporada como terraza o azotea ajardinada.

Como nuevo tipo de edificio, el bloque de viviendas no tenía precedentes estilísticos ni formales. El más cercano en lo funcional era el hotel. En algunos de los nuevos edificios, el énfasis en crear espacios públicos bien proyectados, incluidos los vestíbulos de entrada y los comedores, sugiere que los hoteles se usaron como modelo. También se desarrolló el tipo de apartotel, creado específicamente para satisfacer la demanda creciente de personas solas. Esos ‘apartamentos-cocina’ o ‘apartamentos concentrados’ fueron populares hasta bien avanzada la década de 1920. En el proyecto de aquellas viviendas minúsculas de una o dos habitaciones, los sistemas mejorados de calefacción y ventilación, junto con el diseño de una cocina eficiente, ocupaban un lugar importante. La tecnología y el diseño de artilugios solían centrarse en objetos como las nuevas camas plegables, que permitían transformar una sala de estar en dormitorio. El complicado diseño de las cocinas incluía entre sus componentes cocina económica y nevera, conductos para tirar la basura que hacían las veces de chimenea y sistemas de ventilación para las habitaciones interiores. También se ofrecía a los residentes un conjunto de servicios similar al que se dispensa en los hoteles, con servicio de comidas, recogida y entrega de paquetes, de ropa para la lavandería, y retirada de basura. (…)

El movimiento moderno y el siglo XX

(…) Salvo raras excepciones, los arquitectos del siglo XIX no desarrollaron proyectos de vivienda colectiva. En cambio, a principios del siglo XX, el debate estilístico y estético, tildado de caprichoso, derivó hacia lo social y lo económico. Para la nueva generación de arquitectos, la vivienda colectiva pasó a ser un tema al que se debía prestar atención. Con una fe en el progreso apoyada en la importancia de los avances tecnológicos, la ciudad pasó a contemplarse desde una óptica positiva y se la consideró un producto de la industrialización y la modernización, así como la ubicación más idónea para la sociedad moderna. En la creencia de que los mejores resultados derivarían forzosamente de un planteamiento de proyecto más racional, lógico y objetivo, unido a la utilización de la tecnología moderna, el proyecto a escala urbana ofrecía una oportunidad inmejorable de experimentar en la arquitectura y el planeamiento modernos, incluida la vivienda colectiva. Las herramientas para lograr revolucionar la industria de la construcción serían la racionalización y la estandarización, aspectos examinados con todo detalle en las ponencias de los CIAM (Congresos Internacionales de Arquitectura Moderna). La atención prestada a los estándares vitales mínimos (el Existenzminimum) involucró a los consumidores en la ambición de proporcionar al máximo de población posible las mejores viviendas para satisfacer sus necesidades. (…)

Una de las exposiciones de tipos de vivienda más famosas del movimiento moderno fue la Weissenhofsiedlung, en las afueras de Stuttgart. Abierta al público entre julio y octubre de 1927, atraía diariamente a unos 20.000 visitantes.10 El plan director de los terrenos fue redactado por Ludwig Mies van der Rohe, a petición de la Deutscher Werkbund. Pero, en lugar de un trazado geométrico, Mies propuso un plan menos rígido, que respondía a las características del terreno y a la relación secuencial de los edificios. Su planteamiento fue ciertamente original. ‘El problema de la nueva vivienda’, afirmó, ‘es un problema arquitectónico, a pesar de su vertiente técnica y económica. Es un problema complejo y por lo tanto sólo se puede resolver con fuerzas creativas y no a través de medios matemáticos o medidas organizativas. Por estar convencido de ello, a pesar de todas las consignas válidas en la actividad, como ‘racionalización’ y ‘normalización’, he creído necesario extraer las tareas planteadas en Stuttgart de la atmósfera de lo unilateral y o doctrinario. Me ocupé de iluminar el problema en toda su extensión y por ello he solicitado a los representantes más característicos del movimiento moderno a tomar postura frente al problema de la vivienda.’11 Así, además de a los arquitectos berlineses más conocidos, como Walter Gropius, Hilberseimer, Bruno Taut, Hans Scharoun y Peter Behrens, Mies invitó a Le Corbusier, J. J. P. Oud, Mart Stam y Victor Bourgeois. El bloque de viviendas proyectado por Mies van der Rohe planteaba una ‘planta flexible’, es decir, una variedad de diferentes distribuciones de planta que podía construirse detrás de unas fachadas uniformes, idea ésta de la que se había hablado mucho, pero que hasta ese momento no fue una realidad construida.

Los proyectos de poca altura y las casas en hilera también tuvieron un papel importante en el plan, incluyendo una versión de la casa Citrohan, de Le Corbusier, y una hilera de casas adosadas de Oud, en la misma línea que un reciente proyecto suyo en la urbanización De Kiefhoek, en Rotterdam. Uno de los cambios más significativos en el diseño holandés de viviendas fue la conversión de la solución tradicional de alcoba, que seguía siendo la habitual a principios del siglo XX, en dormitorios destinados únicamente a dormir. La exposición del Werkbund de 1932 en Viena presentó otro modelo de casas en hilera de alta densidad. A diferencia de la planta más habitual de fachada estrecha y mucha profundidad, la versión de André Lurçat tenía una huella sobre el terreno pequeña: era ancha, con poca profundidad entre las fachadas frontal y posterior, y de cuatro plantas de altura. La caja de escalera se trasladó desde el centro de la planta al borde, delimitada por una pared curva visible en la fachada. (…)

La construcción y el desafío de las nuevas tecnologías

(…) Según Alison y Peter Smithson, el éxito de los sistemas constructivos de Mies van der Rohe y Le Corbusier se debe a que ‘fueron concebidos en función de la tecnología de su tiempo’. En las primeras décadas del siglo XX, el movimiento moderno europeo abogó por la fabricación en serie. La razón de esta postura no hay que encontrarla únicamente en que así se aceleraba el tiempo de construcción, sino también en una nueva percepción de cómo debía ser la industria de la construcción, que seguía dependiendo de los métodos tradicionales basados en las habilidades manuales idiosincrásicas de los individuos. Los defensores del movimiento moderno creían que la aplicación de los métodos de producción industrial, que habían revolucionado otras áreas de fabricación, particularmente la industria del automóvil, era un paso necesario hacia el desarrollo completo de nuevas formas de arquitectura. Sin embargo, no fue sino hasta el período de la reconstrucción de la posguerra, cuando la demanda de viviendas era apremiante -en las décadas de 1940 y 1950 en Europa, y particularmente en Inglaterra-, cuando la prefabricación empezó a considerarse el medio más eficaz de proporcionar viviendas de manera rápida y económica.

La prefabricación de casas unifamiliares, principalmente de estructura de madera, había sido un hecho corriente en Estados Unidos desde mediados del siglo XIX, y los desarrollos en la industrialización y en las redes de distribución por ferrocarril y carretera contribuyeron a los avances en ese campo. La técnica conocida como balloon frame fue introducida en Europa a principios del siglo XX. En Finlandia sobre todo, donde el uso de la madera como material de construcción ya estaba muy arraigado, la técnica del balloon frame fue ganando terreno a la construcción de rollizos tradicional. Los arquitectos no desarrollaron mucho el diseño de este tipo de viviendas, aunque durante un breve período, en la década de 1920, en un esfuerzo por mejorar los niveles de proyecto, el AIA (American Institute of Architects) respaldó a la Small House Service Bureau (Oficina de servicio de la casa pequeña), que ofrecía un servicio de venta por correo de planos de casas y edificios prefabricados. (…)

El futuro

En estos inicios del siglo XXI, la ciudad es un lugar diferente en comparación con siglos anteriores, pero continúa existiendo el problema de la vivienda. En las ciudades de todo el mundo se mantiene la necesidad apremiante de más viviendas para albergar una población en crecimiento continuo. Los arquitectos y proyectistas todavía buscan los modos más convenientes de proporcionar mejores espacios para vivir en la ciudad. (…)’

Copyright del texto: Hilary French
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL
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Editorial David N. Buck
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Fecha de edición 1 ago 2006
Fecha de tirada 1 ago 2006
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