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En los últimos veinticinco años el campo del diseño gráfico ha experimentado una profunda transformación. Este libro es el primer estudio crítico que analiza estos cambios a nivel internacional y en profundidad. Identifica y describe conceptos como deconstrucción, apropiación, autoría, etc... fundamentales en la cronología del diseño gráfico posmoderno y ofrece al lector, con el apoyo de innumerables ejemplos ilustrados, un análisis de su evolución hasta la actualidad.
Descripción técnica del libro:
En los últimos veinticinco años el campo del diseño gráfico ha experimentado una profunda transformación. Este libro es el primer estudio crítico que analiza estos cambios a nivel internacional y en profundidad. Identifica y describe conceptos como deconstrucción, apropiación, autoría, etc... fundamentales en la cronología del diseño gráfico posmoderno y ofrece al lector, con el apoyo de innumerables ejemplos ilustrados, un análisis de su evolución hasta la actualidad.
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Contenidos: Prólogo Introducción 1 Orígenes 2 Deconstrucción 3 Apropiación 4 Tecnología 5 Autoría 6 Oposición Notas Bibliografía Índice temático Créditos fotográficos |
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Extracto de la Introducción
Veinte años después de que el término empezara a generalizarse, el posmodernismo sigue siendo una cuestión difícil, escurridiza y para algunos exasperante. Existe una vasta bibliografía dedicada a todos los aspectos del posmodernismo y se publican nuevos libros constantemente. A finales de los ochenta, el término aparecía habitualmente en periódicos y revistas, y algunas publicaciones encargaban series completas de artículos intentando explicar su significado. Algunas veces simplemente lo ridiculizaban. Durante una Época, estuvo de moda dejar caer brillantemente este término en cualquier conversación intelectual e incluso empezó a salir en anuncios de televisión. Hoy, la hipótesis más extendida, fuera de los círculos académicos, es que el posmodernismo ha seguido el mismo camino que otras modas intelectuales pasajeras. Muchos nunca llegaron a entender su verdadero significado e incluso los observadores con más criterio se inclinan a tratarlo con recelo. Judith Williamson, autora de Decoding Advertisements, afirma en una entrevista publicada en una revista de diseño que el término es demasiado vago para ser útil en cualquier sentido que no sea el propiamente estilístico. Richard Kostelanetz, autor de A Dictionary of the Avant-Gardes, es incluso más contundente: "En mi opinión, todo lo que se caracteriza como posmoderno, ya sea por su autor o por sus defensores, no merece consideración crítica, por muy inmediatamente popular o aceptable que pueda parecer" ¿Qué razón hay, pues, para escribir un análisis crítico sobre el posmodernismo y el diseño gráfico en este momento? En primer lugar, porque por extraño, problemático e incierto que el concepto de posmodernismo pueda parecer, está hoy tan bien establecido como forma de pensamiento sobre nuestra Época y nuestra condición que no puede simplemente ignorarse. En segundo lugar, porque pese a que ha habido cierto debate en revistas de diseño y han aparecido artículos sobre diseño gráfico posmoderno en algunas publicaciones, sorprendentemente no se ha publicado nunca un libro sobre el tema. Y digo sorprendentemente porque podría argumentarse que el diseño gráfico, tal como se practica hoy en día, es un ejemplo típico de un medio popular y accesible que presenta todos los síntomas característicos del posmodernismo. En los últimos quince años, los diseñadores gráficos han creado algunos de los ejemplos posmodernos más estimulantes de las artes plásticas. Sin embargo, a pesar de su alentadora adopción de la cultura popular, los críticos de estudios culturales no han prestado ninguna atención a estos productos. Las introducciones críticas al posmodernismo y al arte suelen tratar de literatura, arquitectura, bellas artes, fotografía, música pop, moda, cine y televisión, pero no muestran ningún indicio de interesarse, y mucho menos teorizar, sobre diseño, a pesar de su papel obviamente central como artífice de la vida contemporánea. Por su parte, muy pocos diseñadores gráficos han querido definir su trabajo como posmoderno. En general, los americanos han sido los que han dado más argumentos a su favor, e incluso en su contra. Muchos diseñadores, americanos o no, que aparecen en este libro y que realizan un trabajo que podría definirse como posmoderno, rechazan el término con vehemencia. Para muchos otros, la descripción del término sería tan difícil como para un no profesional del tema. Como profesión, el diseño gráfico hace tiempo que siente aversión por la teoría, y muchos de los textos clave del posmodernismo son difíciles, incluso para los que en principio están de acuerdo con sus argumentos e intenciones. Para otros diseñadores, el posmodernismo está demasiado ligado al estilo arquitectónico historicista de los años ochenta, y como consecuencia lo rechazan por criterios estéticos. Como veremos en el primer capítulo, esta visión básicamente estilística de algunos críticos de diseño ha impedido comprender de qué modo las tendencias posmodernas siguieron ejerciendo su influencia sobre el diseño en los años noventa. No es el propósito de este libro ofrecer una visión general del posmodernismo, ya que todos los intentos de síntesis acaban enfrentándose a las numerosas y a veces conflictivas interpretaciones que ha generado. (Se dan algunas sugerencias de lectura en la bibliografía). Sin embargo, aquí se esbozan algunas ideas posmodernas que por su relación con el diseño gráfico, serán desarrolladas a lo largo de la obra. El posmodernismo no puede entenderse sin hacer referencia a lo moderno. Aunque el prefijo "pos" pueda hacer creer que el posmodernismo es una consecuencia de lo moderno, sustituyéndolo o rechazándolo, muchos críticos apuntan a que es una especie de parásito que depende de su huésped moderno y exhibe muchos de sus rasgos, excepto su significado, que ha variado. La principal diferencia del posmodernismo es su pérdida de confianza en los ideales progresistas que defendía el movimiento moderno, herencia de la fe ilustrada del siglo XVIII que creía en el progreso humano a través de la razón y de la ciencia. El proyecto de la Ilustración, escribe David Harvey en La condición de la posmodernidad, "adoptó el axioma de que sólo había una respuesta posible a cualquier pregunta. A partir de ahí, se dedujo que el mundo podía ser controlado y ordenado racionalmente tan sólo describiéndolo y representándolo adecuadamente. Pero esa idea presumía un único modo de representación que, si fuera revelado [...] ofrecería los medios para los fines de la Ilustración". Los pensadores posmodernos ya no creen en términos absolutos, en sistemas totalizadores, en valores o soluciones aplicables universalmente. Ven con incredulidad las narrativas grandilocuentes o metanarrativas -como las denomina Jean-François Lyotard en La condición posmoderna: informe sobre el saber- que intentan explicar el mundo y controlar al individuo a través de la religión, la ciencia o la política. Algunas veces, los productos de la cultura posmoderna guardan algún parecido con las obras modernas, pero su inspiración y objetivos son fundamentalmente distintos. Si el movimiento moderno pretendía crear un mundo mejor, el posmodernismo -ante la estupefacción de muchos observadores- parece aceptar el mundo tal como es. Mientras que la modernidad solía atacar la cultura comercial de masas, como si desde su postura superior supiera lo que es mejor para los demás, el posmodernismo establece una relación de complicidad con la cultura dominante. En el posmodernismo, se suprimen las distinciones jerárquicas entre alta cultura, digna de consideración, y baja cultura sin valor. Ambas se sitúan en igualdad de condiciones. La supresión de las antiguas fronteras posibilita la aparición de nuevas formas híbridas, y el gran cambio experimentado por el diseño en los últimos años, al adoptar algunas de las características expresivas del arte, sólo tiene sentido en estos términos. La disolución de arquetipos autoritarios crea unas condiciones fluidas en las que las llamadas a la universalidad, la experiencia, los sistemas establecidos y las normas inquebrantables parecen cada vez más dudosas e inalcanzables, al menos en el ámbito cultural. Como han observado muchos críticos, los productos de la cultura posmoderna tienden a distinguirse por características como la fragmentación, la impureza de la forma, la falta de profundidad, la indeterminación, la intertextualidad, el pluralismo, el eclecticismo y un retorno a lo vernáculo. La originalidad, en el sentido imperativo moderno de crear algo nuevo, deja de ser un objetivo; proliferan la parodia, el pastiche y el reciclaje irónico de formas previas. El objeto posmoderno problematiza el significado, ofrece múltiples puntos de acceso y está lo más abierto posible a la interpretación. El argumento principal de este libro es que uno de los avances más significativos del diseño gráfico, en las dos últimas décadas, ha sido el desafío abierto de los diseñadores a las convenciones o las normas que hasta entonces se habían considerado parte esencial de la buena práctica. Al final de su vida, el poeta moderno T.S. Eliot observó que "no es aconsejable infringir las normas hasta que uno sepa cómo cumplirlas", y la opinión extendida de que debe dominarse una disciplina antes de intentar desorganizarla también es aplicable al diseño. En Principios básicos de tipografía, John Lewis, un diseñador y profesor de diseño gráfico, escribe "Antes de empezar a quebrantar las normas uno ha de saber cuáles son. Después de conocer los procedimientos adecuados se pueden analizar críticamente para ver si, desobedeciéndolos deliberadamente, se añade algo al método de comunicación". Lewis creía incluso que había un lugar para la ilegibilidad, para mezclar fuentes y mutilar letras, si ello prestaba un servicio al mensaje y le añadía alguna emoción. Sin embargo, en el diseño de libros, no puede justificarse ninguna interferencia entre el autor y el lector. "La página de un libro no es un medio para la autoexpresión", observa. Para esta generación de diseñadores, las normas del diseño de páginas y el arte de la tipografía, derivado de 500 años de historia de la imprenta, ofrecían un marco esencial, aunque saber cuándo y cómo romperlo se consideraba un elemento vital del diseño creativo. En 1981, el diseñador americano Bob Gill resumió su ideología de 25 años de trabajo en las dos frases que titular su libro, casi un manifiesto en sí mismo: Olvide todas las reglas que le hayan enseñado sobre el diseño gráfico: incluso las de este libro. Los diseñadores gráficos han seguido invocando la necesidad de absorber primero las normas del diseño profesional para luego resistirse a ellas y superarlas. "Las reglas son buenas. Rompedlas", instaba Tibor Kalman a sus colegas en 1998. - Rick Poynor |
| Editorial | David N. Buck |
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| Encuadernacion | Rústica |
| Fecha de edición | 20 oct 2003 |
| Fecha de tirada | 20 oct 2003 |