La moda del siglo XIX en detalle

La gran riqueza y variedad de la moda del siglo XIX queda ilustrada en esta obra gracias a las magníficas fotografías que muestran los diferentes detalles de vestidos los dibujos que las acompañan y unos textos excelentemente documentados. Esta recopilación muestra prendas -pertenecientes a la reconocida colección del Victoria and Albert Museum- que fueron confeccionadas para ser utilizadas durante el día; para practicar deportes que empezaban a ser populares en aquel tiempo, como el ciclismo o la equitación; o para ser lucidas en fiestas nocturnas. Desde la contemplación de los detalles de esta indumentaria y la apreciación de la amplia gama de bordados y tejidos utilizados; hasta las sutilezas propias de la confección de la época -como los complicados rellenos de ballenas de los corsés femeninos, los dibujos tejidos en seda de los chalecos masculinos o el uso de plumas de pájaros exóticos en vestidos y accesorios- este libro permite una aproximación novedosa al tema así como una fácil comprensión de los términos de confección gracias a los dibujos que acompañan a las fotografías. Es una obra que deleitará a los amantes de la moda y que será de extrema utilidad para estudiantes, diseñadores, investigadores y coleccionistas.

A este volumen le seguirán en el futuro otros títulos de modas históricas en detalle.

Descripción técnica del libro:

23 x 30 cm
224 páginas
Español
ISBN/EAN: 9788425221149
Rústica
2007
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La gran riqueza y variedad de la moda del siglo XIX queda ilustrada en esta obra gracias a las magníficas fotografías que muestran los diferentes detalles de vestidos los dibujos que las acompañan y unos textos excelentemente documentados. Esta recopilación muestra prendas -pertenecientes a la reconocida colección del Victoria and Albert Museum- que fueron confeccionadas para ser utilizadas durante el día; para practicar deportes que empezaban a ser populares en aquel tiempo, como el ciclismo o la equitación; o para ser lucidas en fiestas nocturnas. Desde la contemplación de los detalles de esta indumentaria y la apreciación de la amplia gama de bordados y tejidos utilizados; hasta las sutilezas propias de la confección de la época -como los complicados rellenos de ballenas de los corsés femeninos, los dibujos tejidos en seda de los chalecos masculinos o el uso de plumas de pájaros exóticos en vestidos y accesorios- este libro permite una aproximación novedosa al tema así como una fácil comprensión de los términos de confección gracias a los dibujos que acompañan a las fotografías. Es una obra que deleitará a los amantes de la moda y que será de extrema utilidad para estudiantes, diseñadores, investigadores y coleccionistas.

A este volumen le seguirán en el futuro otros títulos de modas históricas en detalle.

Índice de contenidos:


Introducción

Imagen masculina
Historicismo
Estilos románticos
Exotismo
Innovaciones
Detalles de confección
El mundo de la naturaleza

Glosario
Bibliografía



Texto de la introducción:

‘Introducción

A través de las prendas que ilustran este libro se pueden ver muchas de las influencias, las innovaciones y los cambios de estilo que conformaron la moda del siglo XIX. Los delicados bordados de los trajes neoclásicos, el elegante corte de las prendas masculinas, los vibrantes colores obtenidos con tintes artificiales y la profusión de ornamentos ponen de manifiesto algunos de los aspectos que hicieron que este periodo fuera tan rico. También nos muestran cómo la silueta femenina se transformó durante estos años debido al corsé con ballenas, al miriñaque, al polisón y a la habilidad en la confección de los vestidos.

La mayoría de los trajes fotografiados pertenecieron a hombres y mujeres de clase media o alta y estuvieron de última moda en su tiempo. Muchos de ellos estaban pensados para llevarse a diario, otros para lucirse en grandes acontecimientos nocturnos y algunos para practicar deportes que entonces se hicieron populares, como el tenis o el ciclismo. Los vestidos, al tiempo que siguen la moda general, revelan a menudo los gustos personales de las personas que los usaron. La camiseta que perteneció al quinto marqués de Anglesey, por ejemplo, fue hecha por uno de los mejores camiseros de París pero refleja, además, la personalidad extravagante de su dueño a través de los llamativos colores que eligió y la marca bordada con la corona ducal (pág. 32). Algunos de los trajes se arreglaron o transformaron para adaptarlos a modas nuevas, a acontecimientos especiales, a cambios en la figura de su dueño, o simplemente, porque originalmente habían pertenecido a otra persona.

Este libro no es un estudio completo de la moda del siglo XIX aunque explica muchos detalles y características de los vestidos de ese periodo. Se concentra en el estudio de las prendas conservadas en la colección del Victoria and Albert Museum, prendas que han llegado hasta nuestros días en parte por razones estéticas, históricas o sentimentales, pero también por pura casualidad y, de una manera más significativa, debido al cuidado con que las conservaron los donantes. Los elegantes vestidos femeninos, por ejemplo, se han guardado por sus atractivos colores, su diseño y los ricos materiales con los que estaban confeccionados. Por ello, se encuentran representados en mayor cantidad que los trajes masculinos que, desde principios del siglo XIX, se hicieron mucho más sencillos, sustituyendo el atractivo decorativo por sutilezas en el corte y la confección. Los cambios de la moda masculina fueron también menos llamativos y frecuentes que los de la femenina, de manera que los fracs, levitas y chaquetas se usaban hasta que estaban gastados o pasaban a pertenecer a otra persona. En la colección predominan los estilos ingleses, aunque muchos de los vestidos muestran influencias de modas extranjeras, como una capa masculina que se bordó en Cachemira para ser vendida en el mercado europeo (pág.102) o un cuerpo que hizo Worth en París (pág.64). Este texto, por tanto, solamente describe las prendas que se han conservado y se centra en las modas inglesas de las clases media y alta.

El libro se dispone en capítulos que cubren diversos temas que, a su vez, ilustran las principales corrientes que siguió la moda durante el siglo XIX, desde las innovaciones tecnológicas a la pasión por los revivals de modas históricas. Estos temas proporcionan un punto de partida a partir del cual el lector puede estudiar cada prenda particular con mayor profundidad. Ya que los vestidos pueden contarnos infinidad de historias y reflejar gran cantidad de influencias, los aspectos que no tienen relación con el asunto principal se estudian en cada entrada individual. Estas incluyen: etiqueta, confección, cambios de estilo, diseños de las telas e información acerca de cúando se llevó la prenda y de a quién perteneció.

Dentro de cada capítulo, los vestidos se agrupan para ilustrar mejor un aspecto particular de cada tema. Los primeros cinco trajes de Imagen masculina, por ejemplo, sirven para explicar cómo la moda copió y reinterpretó elementos decorativos que provenían de la indumentaria militar, particularmente durante el periodo de las guerras napoleónicas. En Detalles de confección (págs. 156 a 164) se describen las técnicas de sastrería y cómo se aplicaron a la ropa de hombres y de mujeres. La división de los capítulos no es explícita, pero salta a la vista cuando se lee el texto y se examinan las fotografías y los dibujos que las acompañan.

Imagen masculina estudia los trajes masculinos y también su influencia en los trajes sastre y la indumentaria deportiva femenina. Se describe cómo las guarniciones de los uniformes militares se adoptaron para uso civil, lo que se ve claramente en la decoración del traje de amazona de la pág. 16 o del traje del paseo femenino de la pág. 20, que tienen reminiscencias de las líneas paralelas formadas por galones que se extendían a lo largo del pecho en muchos uniformes. También se estudia cómo se extendió el uso de los trajes sastre entre las mujeres, poniendo de relieve cómo éstas, a fines del siglo XIX, habían adoptado la chaqueta masculina para muchas actividades al aire libre. A varias de estas prendas se les seguían dando nombres masculinos, como frock coats, ‘Ulter’, ‘Chesterfield’, ‘Newmarket’ y ‘chaquetas Eton’. El vistoso traje playero de la pág. 28 muestra la influencia de la indumentaria marinera en la moda, popularizada entre la gente elegante por el príncipe de Gales (Eduardo VII, 1841-1910). A través de chaquetas masculinas de mañana vemos el estilo típico de los años 70, con sus solapas anchas y sus delanteros sesgados. Finalmente, una serie de prendas deportivas masculinas refleja la popularidad de la caza del ciervo o del zorro, la caza menor y el tiro al arco, así como la influencia que tuvieron en la indumentaria nuevos entretenimientos como el ciclismo.

Historicismo estudia las diferente maneras en las que la moda revivió y reinterpretó estilos de siglos anteriores. Los delicados vestidos de muselina evocan modelos neoclásicos inspirados en las estatuas griegas y romanas, mientras que las guarniciones abullonadas y acuchilladas son reminiscencias del estilo Tudor. Los dos trajes de las págs. 50 y 52 están confeccionados con telas de los años 70 del si- glo XVIII, ya que sus dibujos y colores delicados se adecuaban a los gustos del momento. El siglo XVIII también proporcionó inspiración a las modas de finales del siglo XIX, incluyendo las creaciones de Charles Frederick Worth. Otra influencia importante a principios del siglo XIX fue el gusto por el dibujo escocés, debido al gran interés que despertaba el vestido antiguo de Escocia. En una capa y chaleco femeninos vemos cómo la mayoría de los modelos que se usaron en el siglo XIX eran invenciones recientes, a pesar de su pretensión de provenir de tradiciones de los clanes fechadas cientos de años antes (pág. 70).

En Estilos románticos pueden verse vestidos primorosos, encantadores, que transmiten un sentimiento de romántica fantasía; prendas de vaporosas gasas que manifiestan el aspecto delicado, de ensueño, que caracterizaba a los trajes de noche de los años 20, y de colores tan evocadores como el ‘rosa de doncella sonrojada’ que intensificaban su calidad etérea. Las mangas enormes, las cinturas pequeñas y los lazos suspendidos de los trajes de los años 30 resumen la exuberancia romántica inspirada en la historia, especialmente cuando estas prendas reciben nombres como ‘Cavalier’, ‘Medici’ o ‘Donna María’. Los trajes masculinos tampoco se libraron de estas influencias y las levitas con cuellos y esclavinas, de cintura entallada y grandes faldones, eran un reflejo de aspectos de la indumentaria femenina. Un vestido de boda de raso brillante, de procedencia norteamericana, ilustra cómo la novias ricas a menudo usaban vestidos blancos que más tarde se convertían en románticos vestidos de noche (pág. 86). Hacia finales de siglo la tendencia era presentar un aspecto delicado, ligeramente de ensueño, tal como queda reflejado en la salida de la ópera diseñada por Jean Philippe Worth en la que desde los hombros y el cuello caen cascadas de encaje y fina seda chifón. Las enormes mangas hinchadas que sobresalen de un traje de paseo de 1895 demuestran que mangas similares a las de las románticas creaciones de 1830 volvieron a estar de moda a finales de siglo (pág. 90).

Exotismo estudia cómo influyeron otras culturas en la moda occidental debido al comercio de artículos de ornamentación dentro del Impero Británico. Los diseños en los zapatos, vestidos y prendas de abrigo revelan que existían telas que se tejían y bordaban en la India o en Oriente Medio y se vendían después en Europa. A menudo, estas estaban decoradas con dibujos híbridos, basados en motivos del país pero inspirados en los gustos occidentales. Por otro lado, también había telas que se tejían en Inglaterra siguiendo los diseños indios. Se usaban animales exóticos para adornar trajes y accesorios, como se aprecia en el abanico decorado con un colibrí y unos escarabajos (pág. 108) y en las zapatillas masculinas cubiertas con piel de serpiente de mar amarilla o verde oliva (pág. 106). Los vestidos también se ornamentaban para parecer prendas fuera de lo común, aunque se confeccionasen con materiales corrientes. Por ejemplo, una llamativa capa, que parece exótica está hecha en realidad con plumas de aves domésticas (pág. 114) y una bata masculina de franela está decorada con motas de lana que imitan el armiño para darle una apariencia más lujosa (pág. 116).

Innovaciones tecnológicas explica cómo el desarrollo de las nuevas tecnologías afectó al vestido y a su confección. Vestidos llamativos y llenos de color ponen de manifiesto el uso de tintes naturales y artificiales para lograr los deslumbrantes matices que se pusieron de moda en Inglaterra durante los años 50 y 60. Los miriñaques y las faldas que se llevaban encima revelan cómo estas flexibles armaduras de acero ensancharon las faldas y liberaron a las mujeres de varias capas de pesadas enaguas. El corsé, mejorado en su diseño y materiales, ayudó a moldear una figura más esbelta que marcó la moda a partir de 1870. La máquina de coser tuvo también importantes consecuencias en la confección de la indumentaria y, como puede apreciarse en dos vestidos de mediados de los años 80, el uso de la máquina ahorraba tiempo pero también incitaba a una decoración más compleja (pág. 148). También son evidentes, aunque menos llamativas, las innovaciones en el traje masculino, como la invención de nuevos elementos de sujeción para cerrar los chalecos por detrás y la mejora en el diseño de los broches. Este capítulo trata también de las mejoras en los métodos de confección de los sastres, del desarrollo de la máquina de hacer tul, de nuevos estilos y hechuras como el polisón y de por qué se adoptó el rojo para los trajes de caza a principios del siglo XIX.

Detalles de confección ejemplifica alguno de los métodos que definen particularmente al siglo XIX. Los sastres ingleses eran famosos por su habilidad al manipular las telas y desarrollaron una gran variedad de métodos y sistemas de medición para mejorar el corte de las prendas. Las fotografías y los dibujos de chaquetas, bolsillos y forros revelan cómo las técnicas de corte y confección ayudaron a dar forma a los vestidos para que sentaran bien a cada individuo, así como para que se adaptesen a sus gustos personales. Algunas costureras dedicaron mucha atención a los detalles, como puede verse en el interior de los dos cuerpos bellamente rematados de la pág.168, con sus costuras dentadas planchadas con cuidado para ensancharlas y sus ballenas insertadas entre hileras de perfectos pespuntes. Muchos de los vestidos del siglo XIX estaban plegados y fruncidos para que abultasen menos y, al mismo tiempo, fueran vistosos; los trajes de las págs. 172 y 174 muestran algunas de las maneras de conseguirlo. A lo largo del libro se constata que se usó una gran cantidad de adornos, como encajes, rasos, plumas y pliegues, que se aplicaban a las prendas femeninas de toda clase. La parte final de este capítulo centra su atención en la pasamanería con objetos como borlas, cordones, flecos y pompones con los que se decoraban vestidos y manteletas.

El mundo de la naturaleza se ocupa de la fascinación que provocaban las plantas y del uso cada vez más extendido de pieles y plumas, lo que originó masivas importaciones de pájaros muertos y de pieles de animales. Telas estampadas o tejidas y exquisitos bordados con dibujos de hojas y flores demuestran cómo este tipo de ornamentación fue común en los vestidos de hombres y mujeres a lo largo de todo el siglo. Se buscaba inspiración en fuentes variadas, incluyendo grabados de botánica, muestrarios de bordados y las propias plantas que crecían en jardines e invernaderos, e incluso hubo vestidos que se hicieron imitando árboles. Muchas de las plantas son reconocibles, como las capuchinas, las anémonas, las hojas de parra, los lirios, las ramas de brezo y las rosas, aunque en ocasiones sus colores no se corresponden con los de la realidad. En la telas de los vestidos también aparecen representaciones realistas de frutas, como es el caso de las fresas y naranjas de las págs. 192 y 202, que parecen decir ‘¡cómednos!’. Otra fuente de inspiración fueron los insectos; abejas hechas con pajitas, mariquitas de felpilla y polillas bordadas adornaron los vestidos de los años 60 y 70, y algunas veces eran tan realistas que se podrían confundir con insectos auténticos. Desgraciadamente, el pájaro posado sobre un sombrero femenino de los años 80 (pág. 212) es real, como lo son las pieles de 32 lobos que se utilizaron para forrar el vestido de un caballero (pág. 216) y las numerosas colas de visón que bordean la manteleta de la pág. 218.

Las prendas que ilustran estos capítulos emergen del papel con una belleza y frescura que a menudo engaña sobre su edad y fragilidad. Colores ricos, remates lujosos, hábil confección, siluetas cambiantes y una gran variedad de tejidos permiten una valiosa percepción de muchos de los aspectos de la moda y la producción técnica en el siglo XIX. El pasado puede dar forma al presente y estos elegantes trajes seguramente alimentarán la imaginación e inspirarán en el futuro a diseñadores, estudiantes, investigadores, coleccionistas y amantes de la moda en general.’

Copyright del texto: The Board of Trustees of The Victoria and Albert Museum
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL
Más información
Editorial David N. Buck
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Encuadernacion Rústica
Fecha de edición 1 ago 2007
Fecha de tirada 1 ago 2007
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