De cosas urbanas
(Summa+ N.109)
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Texto del prefacio: 'Prefacio Kenneth Frampton Quizá no es del todo casual que el único país en el que la arquitectura del paisaje no existe como una profesión en sí misma sea además el lugar en donde primero se cultivara y demostrara el potencial de un acercamiento moderno tardío al urbanismo, sobre todo si ese país es Cataluña, antes que España en su conjunto. Para darle peso a esta afirmación es necesario regresar al momento en que los Plans i Projectes per a Barcelona 1981-1982 fueron promulgados por vez primera como un proyecto algo desordenado enfocado a una mejoría urbana global, bajo el auspicio del entonces alcalde, Pasqual Maragall, y con la dirección de Oriol Bohigas, quien ya era lo que es hoy, un empresario del urbanismo. Tres años más tarde, en 1983, en una exposición sobre la evolución de la forma cívica en Barcelona desde 1750 a 1930, Manuel de Solà-Morales empezó a destacar como arquitecto y estudioso preocupado por la evolución histórica de la ciudad, así como por la eventual posibilidad de intervenir como urbanista en su propia época. Es entonces cuando Solà-Morales inicia su vocación de intelectual dedicado a la intervención urbana. Es también el momento en que aparecen publicaciones catalanas tales como 2D Construcción de la ciudad, Arquitecturas bis y, sobre todo, la revista UR (dedicada al urbanismo y editada por el propio Solà-Morales) que ayudaron al desarrollo de un discurso local particularmente sofisticado en relación al futuro de la ciudad. Para Solà-Morales, todo eso vino a consumarse en la realización de su proyecto para el Moll de la Fusta de Barcelona en 1985. Este paseo elevado, equipado con bares y cafés, se construyó sobre una vía rápida existente con el objeto de mejorar el acceso al puerto y permitir una vista panorámica sobre el mar. La designación de Barcelona como sede de las Olimpiadas de 1992 dio aún mayor ímpetu a una cultura de renovación y expansión; ímpetu que trajo aparejada una transformación del frente costero hacia el norte del Ensanche original de Cerdà y que propició los diseños para acomodar la Villa Olímpica como una ciudad en miniatura. Para la misma ocasión, aunque para un cliente privado, Solà-Morales dedicó su atención al diseño del conjunto de edificios llamado L’Illa, emplazado en la avenida Diagonal en el centro de la ciudad. Esta estructura de uso mixto concebida como un bloque de oficinas de 400 m de longitud y alturas medias, y diseñada en asociación con el arquitecto madrileño Rafael Moneo, está destinada a convertirse en la demostración por excelencia del concepto que Solà-Morales llama acupuntura urbana y que se traduce en una intervención que, en virtud de sus límites y organización intrínseca, es capaz de aumentar el tejido de la ciudad de tal forma que sirve al mismo tiempo como instrumento para reestructurar y también para enriquecer el contexto inmediato, a la vez que potencia un conjunto de repercusiones y desarrollos que sólo son parcialmente predecibles. Construido en un extremo del Ensanche y con un garaje subterráneo de varias plantas que se extiende bajo todo el complejo, este bloque fue diseñado guardando relación con la escala de la cuadrícula urbana del siglo XIX y también con la aglomeración desordenada que se ubica más allá del núcleo histórico. El perfil escalonado de esta estructura permite verla como hito cuando es observada desde las partes más altas de la ciudad a las afueras del centro. Un aspecto clave de esta estratagema simbiótica fue la incorporación de un centro comercial de cinco plantas a lo largo de todo el edificio, justo por detrás de la tradicional alineación de tiendas que dan frente a la avenida. Desde la realización del bloque de L’Illa, Solà-Morales ha continuado con el diseño de una intervención de acupuntura tras otra, desde la propuesta de 1988 para transformar las instalaciones portuarias de Badalona, cerca de Barcelona, hasta un proyecto similar para el puerto de Amberes en 1990. Las mejoras en el transporte público y las infraestructuras han sido a menudo las motivaciones latentes de las intervenciones propuestas por Solà-Morales, desde su renovación del centro de conexiones ferroviarias y del intercambiador de transportes de Leuven (1996-2003), impulsado principalmente por la extensión de la red de trenes de alta velocidad (TGV) en Bélgica, hasta su todavía más arriesgada propuesta de realizar un intercambiador de tránsito, en gran medida subterráneo, en el corazón de Amberes, o su propuesta de 2004 para Operaplein, también en Amberes, que conecta el acceso de vehículos a varias líneas de transporte, incluyendo estaciones de tren y de autobús, y que integra las redes existentes de circulación en bicicleta y a pie. Más cercano a la cirugía que a la acupuntura, esta incisión estructural en forma de corredor iluminada de forma cenital es comparable en audacia al viaducto para el tráfico rodado de múltiples niveles que serpentea entre el borde costero y el tejido residencial contingente propuesto por Solà-Morales para el perímetro del puerto de Génova (1998-2005). Así pues, vemos que el agua, cuando no el océano, acompaña muchas de las propuestas urbanas del arquitecto, tal como podemos apreciar en proyectos tan variados como la línea costera de Schevenningen, La Haya, proyectado en 2002, o como el llamado Passeio Atlántico realizado ese mismo año a las afueras de Oporto. En otros casos, Solà-Morales se ha visto confrontado a los sedimentos del tiempo, a la congestión topográfica de un viejo y decaído barrio de trabajadores en Alcoy, o a un búnker de hormigón en masa a prueba de bombas construido por los alemanes durante la II Guerra Mundial junto al puerto de Saint-Nazaire con el propósito de dar cobijo a sus submarinos. Esta es una de sus invenciones más diestras hasta la fecha, en la que logra una recuperación parcial del acceso visual y físico al puerto mediante la perforación de un gran boquete a través de las paredes del búnker y diseñando una adecuada rampa de acceso al techo: con ambas intervenciones recupera las vistas panorámicas sobre el puerto y el mar. Este resumen tan esperado de la producción realizada hasta la fecha por Solà-Morales está compuesto por un catálogo razonado de su trabajo como urbanista durante las últimas dos décadas y una extensa reflexión, en parte filosófica, en parte pragmática, sobre el destino y las oportunidades latentes de la modernidad tardía según ha evolucionado en el tiempo. Soy de la creencia de que debemos aceptar este doble mensaje de forma global: de una parte, como un réquiem por la ciudad del pasado y, por otra, como una llamada a las armas por la ciudad del futuro, para así poder actuar, de acuerdo con estas indicaciones, como mediadores entre ellas.' Copyright del texto: sus autores Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL < |
(Summa+ N.109)
Descargar| Editorial | David N. Buck |
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| Encuadernacion | Rústica |
| Fecha de edición | 1 abr 2008 |
| Fecha de tirada | 1 abr 2008 |