Lacaton & Vassal: sobre la forma
En edificios duros, como los de los arquitectos franceses Lacaton & Vassal, se muestra una gran confianza en la realidad, y esa confianza es palpable. Por otro lado, estos arquitectos no parecen tener mucha confianza en sus proyectos a un nivel abstracto.
(Ishigami, Junya, “Dialogue: Approach to Architecture. Ryue Nishizawa x Junya Ishigami”, Japan Architect, núm. 72, Tokio, invierno de 2009.)
Cuando Junya Ishigami habla de “abstracción’” —y su carencia en la obra y en el pensamiento de Lacaton & Vassal—, se está refiriendo a un término fundamental en su búsqueda por alcanzar lo que él denomina “espacio o arquitectura del futuro”. En nuestra opinión, el diagnóstico que hace Ishigami de la pareja de arquitectos franceses no es del todo acertado, pues en realidad no se trata de falta de confianza, sino más bien de renunciar a la exploración formal etérea a la que el propio arquitecto japonés nos tiene acostumbrados. Los arquitectos franceses no ven mayor interés en utilizar la abstracción como un sinónimo de libertad creativa, sino todo lo contrario. Desde el punto de vista conceptual y constructivo, Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal llevan más de veinte años haciendo prácticamente lo mismo: redefinir los parámetros en los que se basan los encargos (bien sean directos o concursos), disminuir las expectativas estéticas (siempre relativas) de los clientes y potenciar una lógica en la que a una mayor cantidad de espacio se asocia una mejor calidad de vida. Entendida como una síntesis de datos más bien duros, la abstracción resulta determinante para los arquitectos franceses para poder ofrecer a sus clientes un espacio extra, un espacio que ni ellos mismos habían contemplado. Este “espacio extra” —que generalmente se formaliza en un invernadero— introduce en sus edificios el vector de libertad que otros arquitectos intentan conseguir mediante operaciones formales que parecen sacadas, como por arte de magia, de la chistera de un mago. Pedir a Lacaton & Vassal que hagan uso de su fuero creativo exclusivamente en su versión estética es como pedirle peras al olmo.